OPINION

Tiempo de matanzas

José Manuel Barquero | Domingo 28 de diciembre de 2025

Los arúspices eran los sacerdotes que, en la antigua Roma, profetizaban sobre el futuro examinando las entrañas de los animales sacrificados en honor de los dioses. En Extremadura, el PSOE sacrificó un animalillo —de nombre Miguel Ángel Gallardo— en honor del dios Sánchez, y ahora una pléyade de juntaletras y expertos en demoscopia andan —andamos— sajando las vísceras del pobre candidato, analizando sus tripas, diseccionando la casquería sobrante del infausto líder, un hombre despedazado en las urnas autonómicas por obra y gracia del peor resultado histórico de su partido en Extremadura.

Llevamos una semana encadenando banquetes navideños en los periódicos a base de hígado, riñones, mollejas, sesos y manitas del socialista imputado por enchufar al hermano del presidente. En medio de este festín político-gastronómico, uno se atragantaba con los huesecillos escuchando en televisión la pregunta atormentada de un reputado periodista de izquierdas, que no se explicaba cómo el PSOE había decidido presentar en Extremadura a un candidato tan malo, tan vulnerable, tan gris, en definitiva, tan perdedor. Y concluía el análisis, desgarrado: «¿Es que en Ferraz no vieron venir semejante desastre?».

Lo vieron, claro que lo vieron venir. Lo veíamos todos, que sólo comemos callos un par de veces al año, no lo van a ver en Ferraz, que llevan años especializándose en matanzas electorales. Cómo será de evidente el menú socialista para las próximas convocatorias electorales, que escribe Luca Constantini en The Objective que hasta los estrategas de Sumar, avispados ellos, sospechan que el plan de Sánchez es sacrificar los territorios para aupar a Vox en las comunidades autónomas. El objetivo consistiría en llegar a las elecciones generales con el partido de Abascal reforzado en las urnas y con músculo suficiente para condicionar más que nunca la acción de gobierno de los líderes autonómicos del Partido Popular. Así, Pedro Sánchez plantearía la campaña de las generales en términos plebiscitarios: «O me votáis, o resucita Franco».

Lo sorprendente es que haya tenido que llegar el batacazo descomunal en Extremadura para que una parte del periodismo sanchista, y del propio PSOE, comience a resoplar y a rascarse la coronilla mientras se pregunta: ¿En serio nuestro amado líder será capaz de dejar territorialmente en los huesos al partido con tal de salvarse él? ¿Va a renunciar a lo poco que nos queda de poder autonómico y municipal para tratar de aglutinar el voto útil de izquierdas, y así blindarse él?

Es difícil calibrar el grado de ingenuidad, o de ceguera, de una izquierda que no supo, o no quiso, leer lo ocurrido hace tres años en Andalucía: en el tradicional granero de votos socialista, el PP le sacó 19 puntos al PSOE. O hace dos en Madrid: el PSOE fue el tercer partido más votado, por detrás de Más Madrid, y casi 30 puntos por debajo del PP. O el año pasado en Galicia: los socialistas quedaron a 17 puntos del BNG, y a 33 del PP. ¿De verdad alguien mínimamente honesto puede calificar estos resultados como tropezones coyunturales del PSOE?¿Todo esto se puede esconder detrás del resultado electoral de Salvador Illa en Cataluña?

En 2015, Sánchez se negó a abstenerse para permitir que gobernara Rajoy. Pedro dejó muy claras sus razones: «No quiero que el PSOE acabe como el Pasok». Aquel año, los socialistas griegos había caído por debajo del 5% de los votos. Para que el PSOE corra el riesgo de desintegrarse, no es necesario que se precipite tan abajo. Como cualquier partido de poder —el PP también lo es— basta que miles de alcaldes, concejales, diputados, cargos públicos, asesores, etc. se queden sin empleo de un día para otro, y el barco comenzará a zozobrar peligrosamente. Ese es el mareo que algunos comienzan a sentir cuando faltan 18 meses para las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2027.

Pilar Alegría y María Jesús Montero se encaminan disciplinadas al matadero electoral de Aragón y Andalucía, respectivamente. La primera ya ha cesado como ministra, y la segunda está al caer. Todas las encuestas, excepto las del CIS de Tezanos, pronostican que el PSOE volverá a sufrir en esas dos comunidades otro descalabro histórico. Todo apunta a que nos llegará otra vez ese olor húmedo, metálico y dulzón propio del cerdo abierto en canal, con las candidatas desangradas políticamente en aras de la supervivencia del sumo sacerdote que las nombró, y más tarde las cesó.


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