Los azúcares y las texturas pegajosas pueden dar más trabajo a nuestra boca de lo que imaginamos. Por eso, aprender a distinguir los alimentos realmente dañinos y descubrir cómo impactan en nuestra sonrisa es el primer paso para saborear la Navidad con menos riesgos bucodentales. Por cierto, si alguna vez necesitas un consejo profesional o una revisión en profundidad tras las fiestas, consulta a un dentista en Santa Cruz de Tenerife que pueda orientarte personalmente.
Mientras algunas personas pueden disfrutar de los clásicos de la Navidad sin un solo remordimiento, hay detalles que a menudo se nos escapan y que conviene tener en cuenta. Existe un enemigo silencioso pero muy efectivo para los dientes: el azúcar simple. Este ingrediente sirve como “comida favorita” de las bacterias bucales. Juntas, bacterias y azúcar, tienen la costumbre de crear ácidos que atacan nuestro esmalte dental con una eficacia realmente sorprendente. De hecho, muchas veces ignoramos cómo los postres nos están jugando una mala pasada tras cada celebración.
No hay sobremesa navideña que no incluya turrón, pero no todos los turrones son igual de inocentes. Lo curioso es que tanto si optamos por el blando como por el duro, nuestras piezas dentales pueden verse en apuros. Ambos tipos, con sus almendras y su generosa dosis de miel y azúcar, incrementan las probabilidades de caries. Pero la textura, como ese chicle que nunca se despega, suele ser la clave que marca la diferencia:
En la boca, los polvorones tienen el extraño don de deshacerse en mil partículas que vuelan directas a los rincones más inaccesibles. Ricos en carbohidratos simples y grasas, su textura pulverulenta hace que pequeños trozos se cuelen entre los dientes y se escondan en los surcos. Si olvidas cepillarte justo después, puedes estar apostando por una fiesta de bacterias y placa, lo que a la larga dificulta la limpieza adecuada y deja la puerta abierta a futuros problemas.
Si el mazapán fuera un equipo de fútbol, la combinación de azúcar y almendra molida sería su delantera imparable. Tiene tanta concentración de azúcares simples y es tan denso que parece hecho a propósito para quedarse pegado a dientes y encías durante horas. El resultado es un ambiente húmedo y dulce, ideal para que las bacterias acampen a sus anchas y terminen por acelerar la aparición de caries.
La culpa no recae solamente en los ingredientes de estos postres, sino también en la manera, a menudo descuidada, en la que solemos consumirlos a lo largo del día. Como si fuera una gota que cae sin descanso y termina por desgastar la piedra, el hábito de picotear dulces de forma continua puede aumentar exponencialmente los riesgos.
Aquí la ciencia y la vida cotidiana se encuentran. Cada vez que comes algo azucarado, las bacterias, como la famosa Streptococcus mutans, no dudan en organizar un banquete. Ellas transforman los azúcares en ácidos, bajando el pH de la boca. Y en un ambiente cada vez más ácido, el esmalte, que normalmente puede con todo, empieza a perder sus minerales. Si la escena se repite a menudo, la historia termina casi siempre con caries. Así de claro, aunque a veces cueste creerlo.
Puedes comerte un trozo grande de turrón de una vez y estar mejor que si vas picando a lo largo del día. La cuestión es la frecuencia de exposición. Si te pasas la tarde con la bandeja de dulces al lado, la boca se mantiene en un estado ácido que no da tregua ni a la saliva, que debería estar ocupada en defender el esmalte y neutralizar los daños.
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Dulce navideño |
Principal riesgo dental |
Característica clave |
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Turrón blando |
Caries y erosión |
Textura muy pegajosa y alto contenido de azúcar |
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Polvorón |
Acumulación de placa |
Textura pulverulenta que se aloja entre los dientes |
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Mazapán |
Caries severa |
Alta concentración de azúcar y textura densa y adherente |
Aunque pueda sonar complicado, realmente proteger tu boca en Navidad está al alcance de cualquiera si adoptas unas rutinas sensatas. Aquí te comparto algunos consejos vitales:
Realmente, si logras integrar hábitos como estos durante la Navidad, tu sonrisa seguramente te lo agradecerá cuando arranque el año nuevo. Lo principal, como en tantas cosas de la vida, es buscar el equilibrio entre disfrutar y cuidar lo que importa. Además, es vital recordar que quienes tienen niños en casa o sufren una mayor tendencia a la caries, deben prestar aún más atención, porque la prevención en estas fechas hace la diferencia a largo plazo y te permite vivir la Navidad sin preocupaciones mayores.