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Recuperar la confianza

Por Julio Fajardo Sánchez
martes 07 de julio de 2026, 12:21h

El editorial de El País se titula “Restaurar la confianza”, es equivalente a exigirle a Cándido que recomponga los platos que destruye después de partir el cochinillo. Todo se debe a la publicación, ayer, de una encuesta de 40dB donde el 65% de los españoles creen que los jueces están politizados y ejercen eso que se ha dado en llamar lawfare. Después de ver a miembros del Gobierno manifestarse en este sentido durante largo tiempo no tiene nada de extraño que el crecimiento de la desconfianza haya aumentado de una manera fuera de toda realidad, a pesar de saber de sobra que casi todos están de acuerdo en declarar que el 90% de los jueces se comportan de forma correcta y no aplican su ideología, en el caso de tenerla, a sus resoluciones.

En un ambiente tan intoxicado por los responsables políticos y sus voceros de la prensa no es raro que alguna intoxicación, alguna influencia de carácter subliminal, haya tenido como resultado esta situación alarmante de desafección por uno de los pilares fundamentales del Estado. Alguien se ha dado cuenta del desaguisado y corre a tocar a rebato para recomponer las cosas, como si los encuestados se hubieran vuelto todos locos ante un problema que surge desde la protesta de un sector: el que se siente directamente afectado. Al final todo se reduce al caso del juez Peinado y sus medidas cautelares. Peinado ha dejado la resolución de permitir viajar a la esposa del presidente en manos de su sustituto que, a su vez, es sustituido por otro que fue alto cargo en el Ministerio de Justicia de Dolores Delgado. Entonces esta acusación queda diluida por una resolución salomónica que no acaba de satisfacer a todos.

Susana Díaz dice que no cree que haya lawfare, pero Susana no es miembro del Ejecutivo y su aseveración no se corresponde con la de los ministros de peso de Sánchez, acostumbrados a las redes sociales. Al día siguiente de publicarse la encuesta, junto con otra de La Vanguardia, alguien se ha percatado de que se ha roto más de un plato y tiende a recomponerlo para no quedarse sin la vajilla. De aquí lo de recuperar urgentemente la confianza, no vaya a ser que destrocemos el menaje habitual donde poder comer. Lo peor del caso es que no se sabe muy bien quién debe rectificar: si los jueces o quienes los acusan constantemente de prevaricar sin hacer la recusación oportuna o emprender las acciones legales pertinentes.

Todo se arregla con un editorial donde ninguna de estas cosas quedan claras. A veces los desmanes se pagan de forma indirecta, el tiempo pone las cosas en su sitio, como estamos hartos de oír. La justicia actúa de forma natural y la gente sabe dónde está el correctivo de la ejemplaridad. Después del feo asunto de Donald Trump con su recomendación a la FIFA de revisar una tarjeta roja, el asunto se ha saldado con un 4 a 1 que ha sido recibido con aplausos por la totalidad del mundo deportivo. Los pocos ciudadanos que estaban dispuestos a darle la razón al sátrapa norteamericano han cambiado de opinión en un plazo muy corto. Ha bastado una goleada de los diablos rojos. Claro que hay que recuperar la confianza en la justicia, pero para ello es necesario que rectifiquen aquellos que se han empeñado en romperla. Si esto no es así, en el partido final los barrerán del mapa.

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