Que los jóvenes puedan quedarse en La Gomera no debería ser una aspiración excepcional, sino una consecuencia natural de vivir en una isla que cree en su gente. Durante demasiado tiempo, muchos gomeros han asumido que formarse y progresar profesionalmente implicaba hacer las maletas. Estudiar fuera, buscar el primer contrato fuera y, demasiadas veces, construir la vida lejos de casa. Esa realidad no se cambia con buenas intenciones. Se cambia con oportunidades concretas.
Por eso la inserción laboral juvenil debe ocupar un lugar central en cualquier proyecto de isla. No hablamos únicamente de empleo, sino de arraigo. Hablamos de que un joven que se ha formado pueda aplicar sus conocimientos aquí, aportar a los servicios públicos, incorporarse al sector primario, al turismo, a la atención social, a la administración, a la innovación o a cualquier ámbito donde La Gomera necesita talento y renovación.
El Programa de Nuevas Oportunidades de Empleo del Cabildo es un buen ejemplo de esa manera de entender la política útil. A través de sus cuatro ediciones, ha movilizado cerca de 2,97 millones de euros y ha permitido que 74 jóvenes accedan a una experiencia profesional vinculada a su formación. No es una cifra menor en una isla como la nuestra. Detrás de cada contrato hay una persona que empieza a abrirse camino, una familia que ve más cerca la posibilidad de que sus hijos no tengan que irse, y una administración que se refuerza con perfiles cualificados.
Además, estos programas tienen un valor que no siempre se mide en los balances económicos. Para muchos jóvenes, la primera oportunidad laboral marca la diferencia entre seguir intentándolo o abandonar. Les permite ganar seguridad, conocer la realidad de su profesión y demostrar que están preparados. Y también envía un mensaje importante: La Gomera cuenta con ellos.
Y en ese objetivo no podemos olvidar el papel de las pymes y los autónomos, que son también motores esenciales de la empleabilidad juvenil en La Gomera. Muchos jóvenes encuentran su primera oportunidad no solo en la administración pública, sino en pequeños negocios, comercios, empresas turísticas, iniciativas familiares o proyectos profesionales impulsados por quienes sostienen cada día la economía real de la isla. Por eso, si queremos que el empleo juvenil tenga continuidad, también debemos fortalecer a quienes pueden generarlo. Y para ello hacen falta herramientas fiscales singulares, adaptadas a la realidad insular, que ayuden a pymes y autónomos a afrontar los costes de contratar, formar y retener talento joven en un territorio con mayores dificultades estructurales.
Pero sería un error mirar la empleabilidad como algo aislado. El empleo empieza mucho antes, en las aulas, en las becas, en la movilidad, en los libros de texto, en la posibilidad de que ninguna familia vea limitada la formación de sus hijos por motivos económicos. Ahí también el Cabildo viene realizando un esfuerzo notable, con más de 3 millones de euros destinados a políticas educativas y cerca de 2.500 estudiantes beneficiados en todas las etapas, mediante ayudas al estudio, gratuidad de libros, apoyo a los desplazamientos y convenios con las universidades públicas.
Esa continuidad entre educación y empleo es precisamente lo que necesita La Gomera. Formar y abrir puertas. No basta con pedir a los jóvenes que se queden; hay que darles razones reales para hacerlo. Y esas razones pasan por contratos, experiencia, estabilidad y expectativas de futuro.
La Gomera no puede permitirse perder a una generación preparada. Cada joven que encuentra una oportunidad en la isla es también una oportunidad para el conjunto de la sociedad gomera. Apostar por ellos no es una obligación. Porque el futuro de La Gomera no se construirá lejos de aquí: debe construirse aquí, con los jóvenes gomeros como protagonistas.