En nuestro país, existe la Ley del Jurado popular (Ley Orgánica 5/1995 de 22 de mayo) que da cumplimiento a lo que se recoge en el artículo 125 de la Constitución Española. Deja escrita, la Norma, que sus nueve componentes han de ser legos en materia jurídica y que su cometido será declarar la culpabilidad o la inocencia de quien se somete a juicio bajo esta modalidad. La norma también recoge quienes pueden formar parte del Jurado y quienes no podrán por mucho que lo desearan. También, en contraposición, se dice en su reglamento como eludir su presencia en la sala. Todo eso y como he anotado, dando cumplimiento a lo recogido en la Carta Magna, e informando a la ciudadanía podrá participar en la administración de justicia. Todo lo demás, ¡es patio de vecinos!
Otra cosa bien distinta es el pueblo llano. En la Roma clásica, el concepto Populus Togatus, se usaba para hablar de un pueblo civilizado, frente a los bárbaros extranjeros. ¡Hoy en día todo quiqui se pone la “Toga”! El mundo del periodismo y hasta quienes trabajan en el entorno jurídico hacen de su capa un sayo y se convierten por “arte de birlibirloque” en jurado popular para dedicar su tiempo libre en administrar una justicia que nadie les ha pedido. O para participar en programas de televisión y/o radio haciendo juicios paralelos y de paso aumentar sus niveles de audiencia de quienes les contratan. Saltándose, por supuesto, cualquier atisbo de anteponer, con contundencia, la presunción de inocencia. La palabra “presunto/a” se mencionada solo para no incurrir en delito o falta, pero no para dejar claro que hasta que una sentencia diga cómo se le ha de considerar, se es inocente. ¡Eso es de justicia! Todo lo demás, ¡puro teatro!
En la prensa escrita y audiovisual, se está viviendo una cantidad de juicios contra ciudadanos del país, en estos días, semanas y meses, que no han hecho más que avivar la presencia activa de los grupos que menciono en el párrafo anterior. La situación ha sido tan activa que, en muchas ocasiones, quienes permanecemos atentos con cierta curiosidad, unas veces motivada por el interés legítimo de aclarar conceptos; y, en otras ocasiones por una simple cuestión de morbosidad poco terapéutica, ya comenzamos a tergiversar los datos. Lo hacemos con tanta incredulidad que ya no podemos estar seguro de si un señor vasco pilotaba el avión de una compañía aérea donde viajaba una mandataria de un país caribeño con las joyas que le había dejado un ex ministro para que las depositara en una zapatería, hasta que la mujer de un alto cargo recuperara su pasaporte para llevarlas, con el permiso de su equipo de escolta, hasta la mismísima kitchen del partido opuesto al de su esposo, que no podía hacerlo por estar visitando a su querido hermano que no encontraba el diapasón para afinar su piano y poder tocar la sintonía de la película que se habían montado diferentes secretarios generales, comisionistas, empresarios y otras personas relevantes, en las sedes de los partidos más significativos del país. ¡Tócate las narices!
Y, si la cosa quedara en escuchar, pues tal vez se aceptaría como un mal menor de una película o serie tipo “Ironside”. Pero no, cuando se ejerce una opinión, parece que hay que adoptar una posición lo más cercana a la profesionalidad. Ya solo falta que cuando algún “tiktoker” o comentarista, argumente, lo haga aportando artículos de alguna Ley que se acerque al tema que se trate en cada momento. No olvidemos que en muchos casos hay gente que se atreve a calificar sentencias, aun cuando lo más cerca que se ha estado de la facultad de Derecho, haya sido cuando se cursó visita cultural al edificio de cualquier Universidad. O, cuando se les dijo que Derecho con Mayúscula, no era lo contrario de torcido… ¡Qué más da! Lo interesante del caso es que se adopte una posición de superioridad para poder analizar ¡jurídicamente! una sentencia o un auto o una investigación judicial, de alguien que ha estudiado la carrera de Derecho y, posteriormente, le ha echado horas y horas larguísimas de estudios preparándose para ejercer de Magistrado. ¡Es que hay mucha gente atrevida!
En esos análisis que traigo a la palestra, y esto es otro tema, los hay que emiten su veredicto sobre lo que un juez ha puesto en un legajo jurídico, haciéndolo desde la posición política a la que están adscritos. Y, además, si la sentencia no se ajusta a su parecer, intentan colocar todo lo que diga un determinado magistrado en solfa. Alguien podría decir que no mucho más se puede esperar de quienes cobran su sueldo de la política; pero, que la parroquia se dedique a aplaudir lo que determinados hooligans políticos dicen amparándose en la protección que la Ley les da, o que incluso se vengan arriba y añada alguna barbaridad a lo expresado por sus señorías, es lo que realmente tiene menos sentido. Sería justo pedir que si un político dijera algo así como: ¡Yo con Sofía! Y la tal Sofía, fuera condenada ¿el político cumpliera la misma pena que ella? Hace unos días, otra señora diputada bastante afín a quien gobierna, dijo en una rueda de prensa que era mejor que la gente resolviera sus problemas jurídicos con sus manos, porque la protección judicial no sería capaz de hacerlo. ¿Perdón? O entendí mal, o esa señora, está diciéndole, a quien desee escucharla, que se resuelvan las cosas por las bravas Vamos, que ni se molesten en llevar los problemas ante un juez, porque no merece la pena. Hasta donde yo sé, a esta dignísima señora, no le ha pasado nada. Como tampoco ha tenido consecuencias que una política, a quien parece que le gusta la fruta, llame sinvergüenza a quien gobierna en el Estado. Que digo yo, que si lo hace en un programa de televisión privada, y no en un foro netamente político, estará haciéndolo fuera del amparo legal de su rol político. ¡Dios, dame paciencia!
El País recorre un calvario de juicio en juicio que ya es lo suficientemente desagradable como para que el pueblo, ande comentando cada caso como si sus conocimientos jurídicos fueran capaces de hacer sombra a Jueces y/o a peritos. Creo firmemente que mostrar una posición sobre la tipología de los delitos que se ponen ante la Judicatura, es perfectamente válido. Pero, hablar de quienes están inmersos en cada uno de los casos tal si fueran ya culpables o inocentes, sin esperar a sentencia alguna, me parece escandalosamente atrevido. Creo que mostrar incredulidad ante el valor de las joyas que se han encontrado en el entorno privado de un ex presidente, es normal; pero, de ahí a dar por hecho que hay que quemar en la hoguera a ese señor y declararlo también “ex señor”, hay un trecho importante. Que se juzgue a la mujer de un presidente por los delitos que se han considerado suficientes como para abrir un proceso, puede ser totalmente lógico; pero de ahí a considerar la idoneidad de encerrarla en la Torre de Londres y tirar la llave, sería una pasada de frenada. Ya hemos visto una sentencia ejemplarizante para un miembro de la “alta política” española y su ayudante. Parece que ya no es tan importante debatir sobre el meollo que lo llevó al Trullo. Ahora lo que toca es escuchar a quienes muestran las pancartas políticas de uno y otro lado, defendiendo por qué a unos tanto -los condenados- y a otro tan poco, -el supuesto chivato-. Comentar una sentencia, desde una posición objetiva valorando solo lo que dice en ella, a fin de que no se vuelva a producir, nada de nada. ¡Eso no vende!