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Estos zapatos me aprietan

Por Julio Fajardo Sánchez
sábado 20 de junio de 2026, 11:34h

Rufián dijo que lo de Zapatero es una mierda y hoy Javier Cercas escribe que la mierda es el propio expresidente. Dice que lo votó dos veces. A mí me pareció que siempre decía muchas tonterías, y muchas más cuando dejó la Moncloa. Quiero decir que no me ha sorprendido lo que ahora sucede con el personaje. No quiero pensar en el sufrimiento de algunos de los suyos cuando se les apaga el faro que los alumbraba y tienen que aferrarse a la esperanza de que las artimañas de un abogado procesalista lo libre de una condena penal, aunque moralmente su comportamiento sea irreparable.

Tengo la impresión de que estamos ante un golfo tonto, que es lo peor que se puede ser. Al golfo siempre lo disculpará el talento necesario para hacer la golfería y tener la admiración de los iguales, pero al tonto le sale mal la jugada, precisamente por eso. En esta situación es insoportable sufrir la sensación de haber sido gobernados por un imbécil, por lo peor de un patoso míster Bean o de un bambi ingenuo, que es como lo llamaban en su partido. Nada de lo que digo se dice por primera vez. No descubro las fuentes del Nilo ni el Mississippi de Pepe Navarro. El otro está ahí desde el principio del mundo.

A pesar de lo que diga Cercas y de lo que yo piense, siempre habrá un entorno que intentará salvar los muebles cuando la casa está ardiendo, sin darse cuenta que por hacerlo pueden acabar achicharrados. Es mejor que el edificio se queme con los enseres dentro. No entiendo lo que está pasando. Indiscutiblemente no somos Finlandia ni Dinamarca, a pesar de que Shakespeare detectara que el mal olor empezara por allí. Quizá por esta advertencia tempranea sean hoy un modelo para las democracias.

Me niego a aceptar que lo que nos pasa es porque somos como somos. No puede ser que en el país de Cervantes nos vaya a sorprender la estulticia y que encima tengamos que tolerarla si todavía queremos estar en el lado de la corrección. Noto que mucha gente está desertando de ese sector que les garantiza un mínimo de apariencia intelectual para refugiarse en el pelotón cada vez más numeroso de los decepcionados. Estos síntomas los percibo en los ambientes donde hasta hace poco se cerraban filas. Ahora hay una actitud vergonzante que es capaz de negar al Cristo por las esquinas de Jerusalén.

No se puede entender la habilidad de un tonto que guarda más de un millón en joyas en la caja de su oficina. Es como enterrar al cadáver en el jardín para que el perrito venga a husmear en los rosales, como en “La ventana indiscreta”. Esto me produce estupor y a otros la desazón de haber depositado su confianza plena en el lugar equivocado. Puede ser que se anulen pruebas y que prescriban delitos, pero no se puede ir a unas elecciones con la carga de la evidencia moral trasformada en un éxito por mor de la consigna y el argumentario. Cercas dice que esto es una mierda, y se queda corto.

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