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El Papa hace una defensa de la dignidad del ser humano

El Papa hace una defensa de la dignidad del ser humano
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Por Redacción
lunes 08 de junio de 2026, 12:58h

El Santo Padre se ha dirigido a los representantes electos de los españoles, reunidos en sesión conjunta y extraordinaria. En su intervención, León XIV ha abordado cuestiones como la defensa de la vida, el reto de las nuevas tecnologías o la convivencia social.

Por primera vez en la historia, un Pontífice se ha dirigido a las Cortes Generales en España. El Papa León XIV ha intervenido esta mañana en el Congreso de los Diputados en una histórica sesión conjunta del Congreso y del Senado, con presencia de representantes de las principales instituciones públicas españolas. Vengo ante todos ustedes como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia católica”, ha comenzado el Santo Padre. “Mi presencia quiere ser un gesto de cercanía hacia España, en el marco de la mutua cooperación, y una palabra ofrecida desde el servicio a la persona humana.”

En este sentido, el Papa ha afirmado que la dignidad del ser humano “precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento.”. Por ello, ha dicho el Santo Padre, “toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona.”

Sobre las 10.30 horas, el Pontífice llegó a la Carrera de San Jerónimo, donde fue recibido por la presidenta de la Cámara, Francina Armengol, y por el presidente del Senado, Pedro Rollán. A continuación, en el Patio de Floridablanca, ha recibido el saludo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido; y la presidenta del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Isabel Perelló.

Tras la rendición de honores, el Santo Padre, acompañado por las autoridades, se ha dirigido al interior del Congreso. En el Salón de los Pasos Perdidos, el Papa ha podido saludar a los miembros de las Mesas de ambas Cámaras, al jefe de la oposición y a los portavoces de los grupos parlamentarios de ambas Cámaras. Además, el Santo Padre ha firmado el Libro de Honor y recibido los presentes protocolarios: un facsímil del manuscrito Beato de Liébana, códice de Fernando I y Doña Sancha, por parte del Senado; y de un facsímil del manuscrito del Libro de Horas, un ejemplar iluminado del siglo XV, por parte del Congreso.

Una intervención histórica

Una vez en el Hemiciclo, el Santo Padre fue recibido por un largo aplauso. Le dio la bienvenida la presidenta del Congreso. "Le damos hoy la bienvenida con la voluntad de escuchar y con el convencimiento de que el entendimiento entre instituciones, culturas y pueblos es imprescindible para afrontar los grandes desafíos de nuestro tiempo."

Tras estas palabras, tomó la palabra el Papa en la primera intervención de un pontífice ante las Cortes. Durante su discurso, el Santo Padre, citando a Cervantes, Santa Teresa de Ávila, Miguel de Unamuno, la Escuela de Salamanca y Francisco de Vitoria o los Reyes Católicos, ha asegurado que a lo largo de su historia, “España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político: lo ha reconocido como criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir; en una palabra, como alguien cuya dignidad precede a toda utilidad y a cuyo servicio está sujeta la acción legislativa.”

Un legado que, según ha dicho el Papa, “vive también en estas Cortes, cada vez que el legislador se pregunta cómo hacer que lo posible sea justo, que lo legal sea verdaderamente humano y que la voluntad de la mayoría custodie aquellos bienes que pertenecen a todos y respete aquello que ninguna mayoría puede legítimamente vulnerar”.

Una defensa de la dignidad humana

León XIV, gran conocedor del contexto político, económico y social de nuestro país, ha centrado su su intervención en la defensa de la dignidad humana ante los grandes retos presentes en las sociedades contemporáneas, como la migración, la familia, la educación o las nuevas tecnologías.

Sobre este aspecto, ha recordado que “el progreso ofrece posibilidades admirables, y hoy lo vemos de modo singular en el desarrollo de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. Como he recordado en mi reciente Encíclica, la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”, por lo que exige un discernimiento que comienza “por una afirmación primera: toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana.”

En este sentido, el Papa ha planteado que “si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?”

León XIV se ha referido también al valor de la familia. “Cuando el bien común deja de ser horizonte compartido, la acción pública corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos”. En este contexto, el Papa ha reafirmado la familia como “realidad humana primera” y fundamento para toda vida en comunidad. “Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que, en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer.”

Además, ha reivindicado la libertad de elección educativa como un derecho elemental de los padres y condición indispensable para que “las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse sobre el sentido de la vida y la dignidad de cada persona”.

Sobre el fenómeno migratorio, el Santo Padre ha afirmado que no puede reducirse a un fenómeno demográfico o económico, sino que “constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica” ya que “allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos.” Por ello, la respuesta debe ir “más allá de la mera gestión de flujos” y recaer en una “doble exigencia de justicia moral”: ofrecer un marco jurídico que permita la integración y la acogida respetuosa, al tiempo que se promueven las condiciones para que el derecho a permanecer en la propia tierra sea realmente efecto.

“Ninguna nación puede afrontar por sí sola un desafío de esta magnitud. Por ello, es indispensable una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración a quienes emigran. Cuando la respuesta institucional se hace cercana, justa y coordinada, las fronteras dejan de ser lugares de abandono y pueden convertirse en espacios de protección responsable de la dignidad humana.”

Un llamamiento a la paz, a la convivencia y a la libertad religiosa

Además, el Santo Padre también ha realizado un firme llamamiento a la paz y la convivencia social. “El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca. En este contexto, la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral.” para lo que es preciso “una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica”.

Por ello, ante los discursos que promueven el rearme, el Papa ha afirmado que “la verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra.” y ha hecho un llamamiento a que la comunidad internacional redescubra “el valor indispensable del diálogo como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto a los tratados, en la transparencia de la acción diplomática y en la voluntad sincera de anteponer la paz al recurso a la fuerza.”

En su discurso ha estado también presente el principio de subsidiariedad, uno de los ejes de Magnifica Humanitas. Este principio de la Doctrina Social de la Iglesia destaca la necesidad de las entidades superiores reconozcan, protejan y promuevan la libertad y la creatividad. “La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos.”

El Pontífice también ha reclamado que “quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para «desarmar el lenguaje». La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación.” ya que “de este respeto al otro nace también el deber de custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su relación con Dios.”

Ha recalcado que "ser libre no significa únicamente estar libre de coacciones o disponer de muchas posibilidades de elección; significa poder reconocer el bien y adherirse a él responsablemente. Por eso, toda sociedad efectivamente libre requiere también una justa delimitación del poder público."

En este sentido, ha afirmando que “la libertad sobre la que se edifica el Estado contemporáneo, si es auténtica, reconoce la dimensión religiosa del ser humano” y “la legítima autonomía del orden temporal jamás debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso. La fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida pública.”

Una invitación a alzar la mirada

En el tramo final de su intervención, León XIV ha recordado que “una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse.” Por ello, ha invitado a todos los diputados y senadores presentes, a “alzar, pues la mirada: no para alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisión de las autoridades públicas toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír”.

Sobre nuestro país, el Santo Padre ha asegurado que, en la defensa de la dignidad humana, “España puede ofrecer mucho”, ha dicho el Papa. “Cuenta con una lengua que une continentes; una tradición cultural, jurídica y espiritual que ha sabido poner en diálogo fe y razón, derecho y conciencia, unidad y pluralidad. Esta experiencia histórica recuerda también el valor de la concordia y del esfuerzo paciente por construir una convivencia pacífica y justa.”

Ha finalizado su intervención apelando directamente a nuestro país: “Que España continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza. Y que su vida pública sepa unir siempre la firmeza de las convicciones con la nobleza del diálogo y la grandeza del servicio.” El acto se cerró con uno de los aplausos más largos de la historia del Congreso y del Senado.

Rompiendo el protocolo, el Santo Padre ha cruzado la carrera de San Jerónimo para saludar a las personas que esperaban su salida en coche.

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