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El no festival de Eurovisión

Por Julio Fajardo Sánchez
domingo 17 de mayo de 2026, 14:48h

Confieso que hace años que no sigo el Festival de Eurovisión. No me gusta la música que se presenta. Es una especie de cursilería europea que aún pervive resistiéndose a la impetuosa ola por donde surfean Rosalía y el olol del pelfume en la guagua, de Bad Bunny. No echo nada de menos este concierto de sala de fiestas con lamparita en cada mesa, y el colorido de la puesta en escena de un concierto de André Rieu, en paz descanse. Hoy abro el periódico y me entero de que fue ayer y a mi se me pasó sin pena ni gloria. Lo único que me gustaba era el escrutinio, cuando oía Spain three points. Esta noche lo cambiaré por Ferreras contando los escaños de Moreno y de María Jesús. Esa será mi Eurovisión.

Nos guste o no, Eurovisión es un signo de Europa, de esa Europa en la que cada vez pintamos menos. Ahora hemos hecho piña con Eslovenia, Irlanda, Islandia y Países Bajos, alejándonos del meollo de los miembros influyentes. El problema es que ya no sabemos con quién ajuntarnos. Después de ver a Xi y a Donald repartiéndose el mundo en Pekín, en qué lugar nos debemos ubicar. Nuestros amigos deben ser los que vinieron a Barcelona a reunirse con Sánchez, pero casi todos ellos están en la órbita de influencia occidental. En realidad nadie sabe dónde está y las claves deben encontrarse en el fondo del mar, como en el juego del matarile.

El mundo navega en un mar escurridizo, indefinible por el momento. USA y China cambian a Cuba por Taiwan en el tablero geopolítico. Es lo de siempre. Nada nuevo bajo el sol. Ya en 1494 España y Portugal se repartieron el mundo en el Tratado de Tordesillas. Hasta los jesuitas dividieron el planeta para que en una parte predicara Ignacio de Loyola y en la otra Francisco Javier. Siempre con el catecismo troceado, como ocurría en España, con el del padre Ripalda al sur y el del padre Astete en el norte. Total que no he echado de menos los debates sobre qué tipo de sonsonete musical enviaríamos a televisión porque este año no han tenido lugar.

Aquí se discutía sobre la moderación de Chanel, frente a Rigoberta Bandini y Txandungueiras, más de la cuerda progre y feminista, igual que se hace ahora con Moreno Bonilla y Díaz Ayuso. Cada uno en su sitio, representando la parte que les toca en este país diverso y asimétrico. No creo que haya sido un acierto no ir al Festival porque con eso solo se ha conseguido que no se hable, logrando el efecto testimonial contrario. No ha habido oportunidad de mostrar la rebeldía frente a las agresiones de Israel a Palestina, y los efectos de las flotillas cada vez son mas débiles en las potadas de los periódicos. Yo me he venido a enterar hoy de que no hemos ido. Fíjate si la decisión ha tenido influencia. Si me preguntan por las canciones que han triunfado en estos últimos años no sería capaz de dar ningún título, ni siquiera de tararearlas. Ninguna figura en el repertorio de Los Sabandeños. Este año nos hemos ausentado de la cita clásica con la televisión europea, pues qué bien.

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