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Visión después de Orbán

Por Julio Fajardo Sánchez
lunes 13 de abril de 2026, 19:30h
Actualizado el: 13 de abril de 2026, 21:03h

Europa se alegra de la derrota de Orbán en Hungría. En España se puede traducir en el declive de Vox que hoy auguran las encuestas. Si a esto le sumamos las escasas simpatías que provoca Donald Trump, el panorama que se diseña tiende al crecimiento de una derecha moderada. Quien pierde con la boca pequeña es Pedro Sánchez, que ve fracasar su estrategia basada en la amenaza de la extrema derecha. En este caso los extremos son excepciones que se diluyen retornando al bipartidismo que protagonizó los años de la Transición.

La izquierda más radical no existe en Hungría y, salvo la de Mélenchon en Francia, tiene una presencia muy débil entre los miembros de la Unión. La satisfacción de los europeos por los resultados de ayer domingo, en uno de los países que más preocupaba al europeísmo, va en parejo con el afianzamiento de un modelo político que hoy representa el sentir mayoritario de los ciudadanos de la Comunidad. Mientras tanto Sánchez juega como verso suelto, ausente en las reuniones importantes que convoca Bruselas ampliada al Reino Unido de Starmer, como el niño que juega solo en el patio del colegio, refugiándose en los brazos de Xi Yin Ping.

Hoy las encuestas dan una caída de Vox en Andalucía, y como consecuencia la mayoría absoluta de Moreno Bonilla. El PSOE de María Jesús Montero se recupera, pero no lo suficiente para evitar el batacazo, y la izquierda de Maíllo no tiene visos de salvar a nadie. En lugar de mirar a Europa, hoy en La Vanguardia se analiza la vocación nacional de ERC, confundida con un histórico alineamiento frentepopulista. Junqueras, que no es tonto, le ha dicho a Rufián que haga lo que quiera, pero que los republicanos no van a dejar de presentar su batalla independentista en Cataluña, y Junqueras, según cuentan algunos compañeros de Soto del Real, no tiene un pelo de tonto.

Estas son las reacciones ante la caída de Orbán, donde surge una Europa fortalecida por el fracaso de los extremismos, que sirve para definir en qué espectro sociológico nos movemos, acercándonos a la centralidad, el espacio que siempre recomiendan los manuales, desde Linz a Lakoff. Iván Redondo continúa con sus caucus y sus encuestas, pero no le sale nada presentable. Lo de Trump en Irán parece no tener una solución inmediata y la bolsa y los barriles suben y bajan como en una montaña rusa. Por el momento las negociaciones están paradas, EEUU dice que va a desbloquear el estrecho de Ormuz y Teherán le advierte de que no cometa errores. No sé si esto significa dejarlo hacer o todo lo contrario. Es como el padre que le permite a su hija salir con el novio, pero le dice: “cuidadito, te quiero en casa a las diez”.

A nosotros no sabemos cómo nos va a ir en esta fiesta. Ayer salió otra flotilla desde Barcelona. Ya no son noticia y lo mejor es desmarcarse de esta política que no hace más que complicarnos la vida. Greta ya no vende en Europa. Alguien cercano a Podemos, lleno de buena voluntad, me dijo que saben que lo que les llevan no alcanza más que para cien familias gazatíes, pero que lo importante es darle visibilidad al problema. Algunas veces aliarse con quien solo pretende hacerse visible no es conveniente y se acaba pagando el andar todo el día por la calle con la palestina al cuello.

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