¡Qué gran invento lo del tranvía! ¿Quién podía imaginar, pasado el tiempo, el éxito que iba a tener el recuperar lo del tranvía para Tenerife? Solo unos pocos, apostaron todo, a ese caballo ganador. Los demás, hemos tenido que ser convencidos con la realidad que hemos podido constatar transcurrido ese prudencial tiempo que lo coloca todo en su sitio. Dejando claro mi actual convencimiento sobre este medio de transporte que hoy traigo a este rincón que me ofrece www.canariasdiario.com, me gustaría analizarlo desde el conocimiento que me da el ser usuario casi-habitual del susodicho transporte colectivo.
Si no vas con prisas, el tranvía te puede solucionar una buena parte del recorrido que tengas que hacer entre Santa Cruz y La Laguna. Ya, si vas con algo menos de tiempo, lo suyo será, seguir haciendo uso el vehículo propio o tirar de taxi. Esto último, tal vez encarezca algo más el trayecto a realizar, pero teniendo en cuenta la escasez de aparcamientos, se solucionará la papeleta sin gastos extraordinarios. En cualquier caso, organizándose bien, incluso podrías llegar tarde, si al sitio donde uno se dirige no está en la zona de influencia del recorrido ferroviario. Otra cosa sería que junto con el Tranvía, se dispusiera de microbuses urbanos con circuitos circulares. Un ejemplo claro de lo que anoto, lo observamos si, viviendo en La Cuesta, quieres llegar a la Comandancia de Marina. Tomarás el colectivo en tu punto de salida, deberás hacer un intercambio en el Hospital para enlazar con el transporte que te dejará cerca de la Plaza de España. Si vas sin prisas, darás un paseo por toda la avenida de Anaga -perdón pero no se me queda lo de La Roche-, hasta llegar a la altura de la Comandancia. Ahora bien, si vas con menos tiempo, o si las piernas ya no resisten ese recorrido por corto que sea, tendrás que plantearte parar un taxi. Qué diferente sería si se dispusiera de unos pequeños micros que enlazaran los barrios con determinadas paradas del tren ligero. Siguiendo con el recorrido pero con servicio de micro-guagua, te pararías en la Plaza de España, tomarías el micro X que hiciera la ruta circular hasta Valleseco (Plaza España – Valleseco – Avenida de Anaga – Toscal – Calle del Pilar – Plaza de España) y en pocos minutos estarías en la parada más cerca de tu destino. Si donde quisieras llegar está en otros barrios de ambas ciudades, ya tendrías que coger otros micros dispuestos para esos otros destinos de formar igualmente circular (Barrio de Salamanca, unido con barrio de los hoteles, o zona de Cabo llanos, unido con el barrio del Perú, Chimisay y/o Somosierra, etcétera, etcétera). Otro tanto pasaría en La Laguna, La Cuesta y Tíncer, al menos, hasta que el tranvía no llegue a las zonas más alejadas. Sé que hay guaguas que pasan por esos recorridos pero, de lo que hablo, es de una conexión bastante más regular y conectada al tranvía. En la ciudad de Roma -por si aflora un interés de conocerlo- ya existe ese servicio y es muy práctico.
Dejando a un lado lo de la movilidad de este sistema ferroviario, es interesante analizar lo que uno se encuentra cuando se usa el medio. Desde la mezcla de olores, hasta lo variopinto de quienes somos usuarios, el abanico que se abre, para cualquier análisis sociológico, es del todo interesante. Ya, desde que entras, notas que aún después del formidable tiempo recorrido, no ha habido tiempo de aprender algunas cosas. ¿Cómo si no, se puede entender que haya gente que aún no comprenda, que se ha de permitir salir a quien baja, antes de entrar? Los empujones, los espere-espere, los avisos desde la zona del conductor con sus campanas y luces rojas sobre las puertas y en algunas ocasiones las malas formas de unos y otros, suelen ser más habituales de lo deseable; sobre todo, en horas punta y paradas de máxima afluencia. Como sigamos así, vamos a tener que recurrir al comodín de Rosa Dávila para que solucione estos pequeños inconvenientes en “noventa minutos”. De lo contrario tendremos un nuevo caso parecido al de la TF5.
Otro tema que llama la atención cuando estás haciendo uso del transporte que menciono, es la cantidad de conversaciones que, sin quererlo y mucho menos desearlo, te has de “tragar”. ¿Dónde quedó la intimidad de las personas? Se produce tan desnudez telefónica que debería ir creándose ya el vagón de nudistas telefónicos. Te sientas, y frente a ti, una chica le comenta a otra, por el móvil, su desencuentro amoroso con alguien… ¿Qué le pasó? No te preocupes; si no se baja rápido o tú llegas a tu destino, te enterarás, porque en algunos casos hablan sin ningún tipo de pudor y escuchas -insisto, sin querer ni desearlo- lo que ella le dice y, con la moda de no pegarse el auricular a la oreja, hasta te tragarás el consejo de su interlocutora. Próxima parada Cruz del Señor. ¡Vaya, me quedé sin saber el final de la historia! No importa; en el recorrido de regreso, ya tendrás tiempo de meterte en la vida de otras personas, al tiempo que determinas el tiempo que lleva sin ducharse tu vecino de asiento. - ¡Pues se le da la carta de despido y tan amigos! - ¡Llego enseguida! - ¡Mira, te llamo para ver si me dejé las llaves en tu casa! Y, así, cada día y en todos los trayectos. Es como meterte en un culebrón continuo, donde tú formas parte del guion. A ti te ha tocado el papelazo de paciente, pero sin esperar que ningún médico te haga pasar a la consulta.
¿Quién despidió a Doña intimidad? ¿Dónde ha quedado la compresión hacia quienes no desean sentirse cómplices de las conversaciones ajenas? Ha habido alguna ocasión que he sentido ganas de pedirle, a quienes hablan, que dieran saludos míos a quienes están al otro lado de cada una de las líneas.
También es verdad que si no existieran los móviles, tal vez la vida retomaría una posición algo más comunicativa entre la gente. Una posición donde lo propio no ha de traspasar de los demás. Digo yo, que si quienes hablan de sus cosas en público sin tener en cuenta quienes podamos estar oyéndolos, tampoco debería escandalizarles que participáramos de la conversación. ¿Se imaginan? ¿Qué pasaría si ante quién ha dado la orden de despedir a algún infeliz, se abriera un debate sobre lo procedente del despido? – Perdón, caballero, ¿En el despido se han considerado algún atenuante que pudiera reconducir la situación laboral finalista de la persona a la que está recomendando despedir? Hombre yo creo que se lo merece, por no haber cumplido con su cometido… No sé, no sé… ¿La Empresa que ahora lo va a despedir, le marco unos objetivos claros o todo estaba en el aire? Yo opino que tal vez… Sin embargo, yo entiendo que… Pero, ¡oiga! ¿Dónde va? ¿Pero se va a bajar sin resolver este debate? El del móvil, ni se ha enterado que el debate iba con él. Él estaba a lo suyo y lo que le rodeaba, se la traía al pairo. ¡Nada les importa! Y, seguramente, debería ser así, si no fuera porque pudiera ser que al “tranviario-oyente”, pueda apetecerle sentir la necesidad de disfrutar de un silencio respetuoso.
El tranvía es un gran invento y ha sido una gran idea servirle ese gran avance a una población que necesitaba moverse en un medio de transporte eficiente. Ahora hay que crear otro para los protagonistas de las telenovelas.