“Le escribimos para decirte que, como nos has pedido, hemos dado de baja el servicio que nos has solicitado. A partir de ahora, ya no lo tendrás disponible. Pero queremos que sepas, que, si algún día lo echas de menos, tranquilo, nos aseguraremos de que puedas volver a recuperarlo. Tan solo tienes que pedírnoslo.
Queremos aprovechar para darte las gracias. Gracias por seguir confiando en nosotros, por dejar que te acompañemos en tu día a día con el resto de nuestros servicios.”
Así tratando de usted y tuteando llegó el mensaje, que no era el primero, si acaso el enésimo.
Antes de llegar se habían sucedido 9 llamadas -nueve-, a cada uno de los teléfonos cuyos propietarios, administrados por quien escribe, cambiaba de operador telefónico tras 20 años de servicios a la familia.
Cuando la gestión se consumó, por culpa de un enfado mal resuelto, quien escribe, que había salido de una oficina instalada en un centro comercial, para entrar en otra de la competencia, situada justo al lado – como en la canción- se liberaron remordimientos, pedidos de rectificación y disculpas por parte de los capitalistas.
Fuero tantos los equívocos, tantos los errores, tanta la ineficacia y tan pesado el operador artificial que huí del operador V para pasar a su primo hermano, el operador O.
Pero para ello fue necesario obtener la portabilidad: “Ya tienes disponible tu pedido en la tienda de la calle Confusión, local 007. Recuerda que tienes 7 días laborales para recogerlo. Para entregarte tu pedido es imprescindible que lleves Ia siguiente documentación: * NIF/NIE, y si eres nuevo o te cambias de prepago a contrato, un recibo donde aparezca la cuenta bancaria del titular. Si el titular es Empresa: CIF, documento identificativo del apoderado, documento que acredite que es apoderado y copia del documento bancario del titular del servicio. Puedes consultar la documentación necesaria aquí, si tienes cualquier consulta allá, o escríbenos en este mismo WhatsApp. ¡Gracias!”
Teníamos que recoger un teléfono, un enchufe, y un audífono, que una responsable de la empresa B, a la que migraríamos, nos los cedía como prueba reconocimiento y gratitud por nuestra confianza.
Llegado a este punto el escritor describió una renuncia, una bienvenida y un regalo, esperaban, agazapados, los acontecimientos.
“Hola, en breve vamos a llamarte para concertar la cita de instalación de tu fibra. Tu código de servicio es “menudalata111222”, todo en minúscula. ¿Quieres gestionar ahora tu cita por este canal?”
Para cambiar o anular la cita llámanos al 900ojalateatiendan, de 9 a 21h todos los días, facilita el código de servicio “menudalata111222” ¿Quieres modificar tu cita ahora?”
La atmósfera parecía tranquila pero en el éter las borrascas arreciaban: “Hola, La fecha estimada para realizar tu portabilidad es el día “ojaláquellegue” de este mismo año. En el archivo adjunto se incluye la relación de todas las lineas a portar. Recuerda que debes disponer de las tarjetas SIM para cada una de tus lineas y empezar a disfrutar de tus servicios móviles con O”
Luego de tres correo,s más promocionando que nos acompañaban en los nuevos servicios, se me ocurrió preguntar, por uno de los canales aconsejados, la hora aproximada del día “ojaláquellegue”
Tras identificar el nombre del codigo “menudala112233”, el nombre de la empresa “Incomunicados SL” y una contraseña “Diostecojaconfesado” se estableció un hermoso y creativo intercambio de pareceres.
Asistente: Hola, estoy encantado de ayudarte, ¿qué puedo hacer por ti?.
Tras explicar que necesitaba saber una hora el interlocutor de silicio soltó: “He trasladado tu consulta y un agente te contestará con un WhatsApp lo antes posible.” Se llamaba M y aseguró, mintiendo:”Encantado de saludarle, Vamos a gestionar tu consulta por este canal para darte una respuesta lo antes posible.”
Luego:”No es necesario que llames al servicio de atención al cliente ni inicies una nueva conversación, así evitamos duplicar la gestión y podemos ayudarte de forma más ágil.” Luego:”Necesito que me des más información de tu consulta pero para eso necesitamos que nos respondas.” Luego: ”Estaré encantado de ayudarte.” Luego: “Veo que en este momento no puedes atenderme, no te preocupes. Estamos disponibles para ti siempre que lo necesites, solo tienes que retomar la conversación y serás bienvenido.” Luego, gracias por ser de O.”
El mentiroso artificial no se contentó con tardar en responder, con no satisfacer ninguna cuestión, tras su mentiroso agradecimiento se atrevió a preguntar. “Estás de acuerdo? Responde Sí o No”
Obviamente tras apretar con la techa el guión que señalaba el No, dejándolo despanzurrado, apareció: “ He trasladado tu consulta y una persona te contestará con un WhatsApp lo antes posible.”
Por la tarde, después de tomar dos tilas y una infusión de boldo conseguí hablar con Alvaro, a quien tuve que repetir el códigos y referencias; “menudalata1122”, “ojaláquellegue”, “Diostecojaconfesado” y repetir el motivo de la llamada.
“Te paso con el departamento de empresas” Me atendió Virginia, quien me solicitó de nuevo el código. Y cuando estaba teminando con el tercero, me equivoqué. En vez de “diostecojaconfesado” no sé por qué motivo transmití otro: “macogoentó”, que, no estoy seguro, debió ser interpretado como una falta de respeto cuando era una equivocación.
Respirando profundo, y contando hasta 22, como me enseñó una amiga para no sobrecargar los nervios, volví a llamar a atención al cliente.
“Gracias por llamar a O., en este momento no podemos atenderte..., gracias por confiar en nosotros.