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Eutanasia

Por Julio Fajardo Sánchez
jueves 26 de marzo de 2026, 11:16h
Actualizado el: 26 de marzo de 2026, 11:21h

Ayer, víspera del final de Noelia, la joven de Barcelona que lucha porque se lleve a cabo la eutanasia que ha solicitado desde hace dos años, el programa de Sonsoles presentó esta situación como el renacimiento de un debate sobre la propiedad de la vida que se resolvió hace 5 años, cuando se aprobó la Ley Orgánica 3/2021. La televisión rosa tiene un especial predilección por el morbo, pero no es un asunto sobre el que voy a entrar en este comentario.

Pongamos que lo que se dirime es una interpretación moral y cristiana sobre la aceptación del sufrimiento y la vida como una dependencia divina que no se corresponde con los presupuestos biológicos. Es más, se trata de hacer recaer la responsabilidad sobre trastornos psicológicos que habría que ajustar para que las decisiones personales fueran aceptadas por todos como un ejercicio de la libertad. No se trata de un asunto médico sino moral. Un asunto que parecía haberse resuelto al amparo de la ciencia cuando la larga discusión dio como resultado la aprobación de la norma.

La vida no es una decisión personal, es decir, la voluntad no interviene para nada a la hora de admitir ese hecho aunque sea en las condiciones más insoportables. ¿Insoportables para quién? Los cristianos dicen que la vida es propiedad de Dios porque proviene de Él, y, por tanto, atentar contra ella es un gravísimo pecado, castigado con la pena máxima. La falta, según la religión, siempre tiene la oportunidad del arrepentimiento, y el programa de Sonsoles giraba en torno a esa posibilidad en el último momento, no permitiendo ver que las razones del drama recaen directamente sobre quien ha tomado la terrible decisión de acabar con su sufrimiento. Nadie mejor que ella sabe de qué se trata, y además la ampara la razón basada en la defensa del individuo. Ese dios omnicomprensivo sabrá entenderlo, pero sus administradores y sus intérpretes se ponen de parte del lado contrario y además aprovechan para convertirlo en un espectáculo público.

Las voces de la profesionalidad celebran el buen trabajo de Sonsoles, con la música de fondo de la tragedia y la compasión y el luto invadiendo el ambiente. El mundo rosa tiene el inconveniente de que cuando se pone violeta o morado se transforma en algo que no hay manera de presentarlo racionalmente; siempre vendrá contaminado por el oportunismo de la exclusiva y demás términos que hacen de la información una tendencia parcial.

Me enternece Noelia y la veo como un ser frágil y fuerte a la vez, una hoja que se mueve al capricho del viento, pero que resiste en la convicción de que no se dejará vencer por el ambiente que la presiona. Hay mucha hipocresía alrededor de esto. Los que se sienten escandalizados para detener el proceso son los mismos que celebraron la conquista progresista de aprobar la ley y ensalzaron la valentía de Amenábar cuando se atrevió a denunciar el problema en la gran pantalla. El sufrimiento de Noelia reside en su mente, y la sociedad, que como siempre hace frente a estos desajustes, considera que su sanación depende de su responsabilidad, sin detenerse a contemplar otros condicionantes. Mi pregunta es de qué se escandalizan. Hace tiempo que España se convirtió en un plató rosa y esa contradicción contamina a todo lo demás, que se convierte en un juicio tintado por el sentimentalismo.

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