Dentro de unos días se cumplirán 23 años de la inundación en Santa Cruz. Ese día enterrábamos a mi amigo Fernando. Ayer me llamó su hermano Emilio y estuvimos hablando de él. Me he metido en Google para preguntar por el tiempo y sale un icono con una nube y rayos. Significa tormenta. Mi hijo Julio estaba aquí conmigo ese dia. Tenía 23 años, los mismos que han pasado después de aquello. Creo que en esa epoca desempeñaba su primer trabajo como editor en la Revista de la Residencia de Estudiantes, en Madrid. Ahora lleva muchos años en Barcelona, en una editorial muy importante, donde tiene de jefe a Miguel Aguilar, hijo de mis amigos Miguel Ángel y Juby Bustamante. Las vueltas de la vida.
Miro hacia atrás y me acuerdo de Raúl del Pozo, que se acaba de morir. Hace 60 años nos veíamos cada día en el Café Gijón. Brasero ha dicho que mañana estará todo más calmado. Estoy viendo a Carmen Maura en El Hormiguero y dice que le encanta Santiago Segura. Carmen pasaba por progre cuando hacía el programa de Fernando Tola y ahora se arriesga a que no le guste a Évole. Son otros tiempos y los progres son otros. Reconozco que estoy un poco desfasado. Cada uno pertenecemos al tiempo que nos corresponde. Lo que más me molesta es la desfachatez de los que no te conocen y te encasillan y te descalifican.
Tantos años haciendo cosas que ya no me acuerdo de todas las que he hecho. No teman, no pienso escribir mis memorias. Serían divertidas, pero no aportarían nada a lo que ahora se llama de forma rimbombante un currículum. Me hubiera gustado escribir un diario desde el principio. Nunca consideré que mereciera la pena, pero últimamente, después de que Julio me regalará el de André Gide, que son 4 tomos larguísimos, y tras haber leído de un tirón el de los hermanos Goncourt, creo que he perdido el tiempo al no haber almacenado pensamientos y experiencias de tantos años. Luego llegó a la conclusión de que nuestra vida no le interesa a nadie, ni siquiera a nosotros mismos.
Algunos días no me apetece escribir, pero me lo impongo. Lo tomo como un entrenamiento. Ahora estoy trabajando en un libro sobre literatura. Pienso que podría servirle a alguien que todavía no tiene claro de qué va esto. Soy consciente de que estas cosas no le interesan a nadie. No es un tema de petróleo ni da dinero. Mi único sueldo es la tranquilidad. Si todos hiciéramos lo mismo nos estaríamos acercando al ideal de la sostenibilidad. Entonces es cuando concluyo que lo sostenible es un engaño que solo sirve para que se enriquezcan los otros, que siempre serán los más listos. Se escucha el viento silbar y esto quiere decir que la tormenta se va alejando. Hace 23 años se inundó Santa Cruz y el féretro de Fernando se quedó flotando en el tanatorio y estuvo a punto de llevárselo la corriente.