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Todos y ninguno dicen la verdad

Por Julio Fajardo Sánchez
jueves 05 de marzo de 2026, 12:41h

Dice Iker Seisdedos en la información que hoy publica El País sobre las controvertidas declaraciones de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, y el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, que no está claro quién dice la verdad. Entre gente que tiene la costumbre de utilizar la mentira como arma política esto es muy difícil de adivinar. Algo sí parece claro, y es la campaña de propaganda movilizadora que ha puesto en marcha el presidente Sánchez, para tratar de aglutinar a un electorado de izquierdas que cada vez se le va más de las manos.

Se han impreso millones de cartelitos con el no a la guerra que ya muestran todos los cargos socialistas, como si fuera el símbolo de una cruzada sacrosanta en la defensa del lado correcto que instauró la señora Sarandon en el acto de los Goya. Otra vez la división como estrategia, tratando de calificar como incorrectos a todos los que no estén de acuerdo.

Ya está bien de interpretar a la democracia como un mecanismo excluyente. En esta situación no cabe el término medio, ni la neutralidad, ni siquiera la duda, esa posición tan sana que ha inspirado a buena parte de la filosofía. O estás en el lado correcto o en el incorrecto. No hay sitio para más. Permítanme que ante esta disyuntiva de la que no me puedo sustraer me declare como mínimo agnóstico. De momento me sumo a la apreciación de Iker Seisdedos cuando afirma que no está claro quién dice la verdad. Da igual, seré igualmente condenado a estar en el maldito ámbito de la incorrección.

Como reconozco que en el término medio está la virtud, sospecho que la mitad de lo que dice el ministro es cierto y lo mismo sucede con lo que comunica la portavoz. El lenguaje diplomático es muy enrevesado y hay que medir las palabras para que siempre se pueda decir algo diferente de lo que se quiere decir. No sé lo que ha hablado Margarita Robles con el embajador de EEUU, pero sí sé lo que ha dicho el presidente Sánchez y Albares corrobora asegurando tajantemente que no se ha movido un ápice de su declaración. Quizá las cosas son compatibles y ambas declaraciones comparten su parte de verdad.

De lo que no me cabe duda, al comprobar sus efectos, es del intento de movilización masiva, resucitando la campaña del no a la guerra, la foto de las Azores y demás estrategias para engrasar la máquina electoral. Están en su derecho. Todos harían lo mismo si se les colocara ante la oportunidad de llevarlo a cabo. Aquí se demuestra que el PSOE dispone de la mejor organización para afrontar la superación de los momentos bajos, pero arriesga mucho al transitar por un territorio difuso donde la verdad se confunde con la mentira.

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