En Ravelo, municipio de El Sauzal, hay casi 300 perros que hoy han comido. Han sido limpiados. Han sido atendidos. Han sido cuidados y amados.
Nada de eso es casual.
Lo sostiene desde hace décadas ADEPAC, una asociación histórica de protección animal en Tenerife que vuelve a enfrentarse a una situación límite por la pérdida o suspensión de financiación pública.
Y aquí es donde el relato deja de ser sentimental para convertirse en político.
Es en realidad un problema estructural tratado como algo provisional.
ADEPAC no es un proyecto puntual. No es un evento anual. No es una campaña temporal. Es un refugio permanente que asume una realidad crónica: el abandono animal en la isla.
Sin embargo, su financiación depende cada año de resoluciones administrativas inciertas. Mientras tanto, los gastos no esperan: alimentación diaria para cientos de animales; atención veterinaria constante; esterilizaciones. Con un personal mínimo para mantener condiciones dignas.
La propia entidad ha detallado en distintos momentos que sus costes anuales rondan cifras muy superiores a las ayudas que recibe, generando un déficit estructural que se repite ejercicio tras ejercicio.
La pregunta es inevitable: ¿Puede un servicio que cubre una necesidad pública esencial sostenerse con incertidumbre anual?
Detrás de la sigla hay una mujer: al frente de la asociación está Yahjaira, presidenta de ADEPAC y rostro visible cuando llegan los retrasos, las deudas y las advertencias de cierre.
Quienes conocen el funcionamiento de un refugio saben que esto no es gestión de despacho. Es presencia diaria. Es enfrentarse a facturas impagadas mientras los animales siguen necesitando comida y medicación.
La protección animal en Canarias tiene, en muchos casos, rostro femenino y desgaste silencioso.
El dinero público existe. La prioridad es otra cosa, porque cada año, el Cabildo de Tenerife distribuye partidas en múltiples áreas: cultura, eventos, asociaciones sectoriales, campañas institucionales, proyectos estratégicos.
La cuestión es por qué un refugio con 300 animales puede quedar al borde del cierre mientras otras iniciativas cuentan con marcos más estables.
Las subvenciones no desaparecen. Se redistribuyen. Y cuando un proyecto con impacto social permanente queda en la cuerda floja, la cuestión no es técnica: es política.
ADEPAC no genera titulares cómodos, es claro. Un refugio no ofrece grandes inauguraciones. No produce fotos vistosas. No encaja fácilmente en campañas de marketing institucional.
Hace algo más incómodo: recoge las consecuencias del abandono masivo, de la falta de control en la cría, de la escasa aplicación de sanciones y de políticas preventivas insuficientes. De leyes que se sueltan en el periodo electoral y luego se olvidan.
Sostener ADEPAC obliga a reconocer que el problema del abandono es estructural. Y reconocerlo implica asumir responsabilidades.
Sacrificio cero: ética que cuesta dinero. Esta es la realidad de este refugio y de Yahjaira, fundadora de ADEPAC: ella mantiene una filosofía de no sacrificio por falta de espacio. Eso incrementa costes. Eso exige recursos. Eso requiere compromiso.
Pero también define el modelo de sociedad que se quiere construir.
La alternativa —equilibrar números a costa de vidas— es más barata. Y mucho más pobre moralmente.
Tenerife proyecta una imagen de modernidad, sostenibilidad y bienestar.
Pero el bienestar no se mide solo en campañas. Se mide en presupuestos.
Si un refugio histórico vive pendiente de cada transferencia, el mensaje es claro: la protección animal no es considerada servicio esencial. Y sin embargo lo es.
Porque el abandono genera problemas sanitarios, sociales y éticos que alguien tiene que asumir.
Durante décadas, ADEPAC lo ha hecho.
La pregunta que queda ¿Es esta una crisis puntual?
¿O es el síntoma de un modelo donde las protectoras suplen funciones públicas sin recibir reconocimiento estructural?
Si ADEPAC cae, no será solo una asociación menos. Será el reflejo de una prioridad desplazada.
Y entonces no hablaremos de perros. Hablaremos de qué tipo de sociedad decide mirar hacia otro lado.
Porque los animales no votan. Pero la ciudadanía sí, y empieza a preguntarse por qué salvar vidas depende de la suerte de una subvención.
¡Acude a la manifestación por salvar ADEPAC!
No al cierre de ADEPAC
27 DE FEBRERO a las 9h Frente a Cabildo de Tenerife
Antonella Aliotti, Feminista Radical Antirracista, Defensora de la Casa Común, Activista de DDHH y Sociales, Responsable de Políticas Autonómica y Municipal PFAC