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Hacia otro modelo de Estado

Por Paulino Rivero

No hubo sorpresas en las elecciones autonómicas celebradas el pasado domingo en Galicia y País Vasco. Los pronósticos que avanzaban los distintos sondeos electorales se cumplieron milimétricamente. La pandemia que ha paralizado al país -y al mundo- no ha podido electoralmente con dos de los más sólidos líderes autonómicos del Estado. Alberto Núñez Feijóo e Iñigo Urkullu han recibido el apoyo de sus respectivos votantes para seguir gobernando cuatro años más.

Los resultados electorales del pasado domingo permiten concluir que la gestión de la crisis generada por el coronavirus no ha supuesto ningún desgaste para el presidente gallego ni para el lendakari vasco. En medio de la grave situación sanitaria, social y económica que vivimos, tanto Feijóo como Urkullu corrían el riego de sufrir el castigo de una parte de la ciudadanía que culpa a los gobernantes de la situación; no les penalizó, así que quizá lo ocurrido en Galicia y Euskadi alumbre a algunos a entender que sólo culpabilizando a los que gobiernan no es suficiente para ganarse la confianza de los ciudadanos. Por lo demás, una segunda conclusión que puede extraerse de los resultados del pasado domingo es el crecimiento de los partidos no constitucionalistas. Los resultados en Euskadi y Galicia, y los que empiezan a dibujarse de lo que ocurrirá en Cataluña el próximo otoño, invitan a una seria reflexión sobre el futuro del país y su modelo de Estado. De nada está sirviendo cerrar los ojos a las evidencias. Globalmente analizados los resultados gallegos y vascos nos dejan que de los ciento cincuenta diputados elegidos entre los dos parlamentos, más de la mitad -setenta y ocho- representan a fuerzas políticas no constitucionalistas. A los treinta y uno del PNV, hay que sumar los veintidós de EH Bildu, los diecinueve del BNG y los seis de Unidas Podemos. Los números son fríos, pero dan para mucho política y sociológicamente.

Lo ocurrido este último domingo da para otras conclusiones. Si analizamos por separado los resultados de ambos territorios históricos nos encontramos con grandes contrastes en el respaldo que tienen los partidos en cada uno de ellos. En Galicia el PP obtuvo una incontestable cuarta mayoría absoluta, un éxito de Núñez Feijóo y la galleguización de su partido. La personalidad de Manuel Fraga y la huella que dejó de la defensa de su tierra y sus singularidades -dentro del contexto de los pueblos del Estado- ha sido heredada con acierto por Feijóo. Los populares gallegos no solo han ocupado todo el espacio político que abarca una parte del centro-izquierda y todo el centro-derecha de su tierra, sino que, además, le han dado siempre un barniz de galleguismo que les identifica como protagonistas de la defensa de los intereses singulares de su tierra. En definitiva, los populares gallegos han logrado conjugar la prioridad de la defensa de su tierra con el proyecto compartido de Estado.

Sin embargo, el fracaso de la alianza del PP con Ciudadanos en el País Vasco ha sido monumental. Su presencia ha quedado reducida prácticamente a la insignificancia.

Suele ser habitual que el partido que gobierna en Madrid potencie las expectativas electorales de sus correligionarios territoriales. No ha sido así en esta ocasión, porque los socialistas vascos y gallegos no se han visto premiados con ese plus extraordinario que da el tener el Gobierno del Estado -resultado discreto tendiendo a malo el obtenido por el PSOE tanto en Galicia como en Euskadi-.

Otro de los grandes titulares de la jornada del domingo fue el fracaso estrepitoso de Unidas Podemos. En poco tiempo la formación que lidera Pablo Iglesias ha pasado de tener un notable apoyo electoral -sin tener responsabilidades de gobierno- a tener responsabilidades de gobierno perdiendo el apoyo electoral.

Si duda, los triunfadores del pasado domingo fueron los nacionalistas. El BNG ha obtenido un éxito extraordinario pasando de seis a diecinueve escaños -se comieron a los herederos de En Marea y caminan con paso firme para convertirse en la alternativa a Feijóo-. En Euskadi fueron igualmente magníficos los resultados delPNV y EH Bildu. El dominio nacionalista en las instituciones vascas es aplastante. Más sutilmente que en Cataluña, en Euskadi crece y crece la idea que otro modelo de Estado es posible.

A la vista está, los territorios históricos, periféricos y singulares avanzan hacia otro modelo de Estado. Y en Canarias, ¿qué piensan los nacionalistas?

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