La investidura que este miercoles comienza supondrá el principio del fin para el PSOE, una vez se consume la mal llamada abstención técnica. No es tal, es un pacto de caballeros entre los dos partidos hegemónicos para dejar todo "atado y bien atado", como dijo aquel, de cara a lo que se viene encima: más recortes, más contricción de la economía y peores servicios sociales y sanitarios. Eso lo saben PP y PSOE. Saben también la corrupción (a uno más que a otro) y la reconstrucción que precisan los socialistas observan como un oasis en el desierto está legislatura en la que tanto se puede hacer y tan poco se hará, a la espera de momentos más propicios.
Mientras que esta estrategia beneficia claramente al PP, sumido en una lenta regeneración forzada, al PSOE lo pone contra las cuerdas y sus opciones no son nada halagüeñas. Que habrá indisciplina es un hecho, entre 16 y 22 según el medio, y Javier Fernández, el presidente de la gestora agasajado desde su llegada, ha enseñado los dientes y ha discho que de voto conciencia nada, que aquí todos a una. Otra manera de decirlo es: todos a enmascarar que una decisión tomada por las viejas glorias del partido amparadas bajo la figura de Susana Díaz, designada por las vacas sagradas como nueva omnipotencia del partido. Una decisión con la que la mayoría de los diputados no están de acuerdo pero la cosa de la res política es así. "U obedeces o a tu casa, que aquí no te vamos a dar ni la hora".
Por su parte, el PSC y los diputados díscolos están haciendo un ejercicio de coherencia que, para más inri, está siendo machacado insidiosamente por los medios afines, quienes atribuyen el afán del indepentismo o la sumisión a los podemitas como motivo para su negativa al "mandato imperativo" (sí, han oído bien) del Comité Federal del PSOE.
Todo es una broma de mal gusto que terminará por reventar desde dentro a los socialistas. Todavía está por ver si, una vez lanzada la piedra de la expulsión, tendrán los bemoles de verse terceros en la escena política, desbancados por Podemos y con dos decenas de ex diputados resentidos en el Grupo Mixto. Justo lo que querían con esta abstención técnica que evita las terceras elecciones, nada de responsabilidad con los ciudadanos españoles, ese es el eslogan. Se tendrán que comer sus palabras y poner una multita de 600 euros y una reprimenda interna: que se olviden de ser ministros y a Pedro Sánchez, por aquí no vuelvas.
Cuando todo eso pase, Podemos y el PP irán de la mano y dirán al pasar por Ferraz: Adiós, PSOE, adiós.