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104 años, 50 como obispo

jueves 15 de octubre de 2020, 06:00h
El obispo más longevo del mundo. Damián Iguacen Borau, un aragonés de Tenerife, un hombre bueno desde chico que nos enseñó más de lo que pudimos aprender durante los pocos años que presidió la diócesis de Tenerife (1985-1992). Esta semana pasada nos comunicaron sus bodas de oro episcopales. Es admirable, pero no por su edad, sino por cómo fue su vida cuando estaba activo y cómo es su vida desde el Asilo de los Ancianos desamparados de Huesca. Un hombre con el corazón más grande que su cuerpo.

En este sentido recuerdo que al llegar a la diócesis, algunos lo veían demasiado pequeño para ser Obispo de San Cristóbal de La Laguna. Como si a una persona hubiera que valorarla por su extensión física. Lo ridículo del argumento se vio inmediatamente contradecido por su estilo de vida. Fue gigantesca tu actividad. Enorme su labor estando donde debía estar y anunciando la buena noticia que a su vez recibió y conquistó su corazón.

Tengo miles de recuerdos y muchísimas frases que decía. Tantas que en ocasiones siento que no las he vivido como debería haberlo hecho. Pero, aún con esta debilidad, es importante que se le recuerde como un faro que guía otras vidas durante tanto tiempo. Un tremendo y extraordinario trabajador en tiempos no tecnológicos. Trabajando más, si cabe, cuando se jubiló, recorriendo la geografía española con un pequeño maletín de tanda en tanda de “ejercicios espirituales”, a laicos, religiosos, sacerdotes, seminaristas... Usando los transportes públicos, y ganando enamorados para el cielo.

Es cierto que cuando las personas se van se incrementa su valor, pero en este caso, en mi opinión, no puede ser mayor el valor de alguien que era testigo de lo que decía. Auténtico, sincero, diáfano, sencillo, valiente, acogedor y motivador.

Todos podemos reconocer que nuestra biografía está edificada sobre rostros y personas que han hecho posible que seamos lo que somos. Son los nudos existenciales que van construyendo la red en la que nuestra vida se desarrolla. Pero esta riqueza tiene otra dirección de vuelta. La ida nos construye, la vuelta es la forma en la que nosotros construimos la biografía de otros. Y este punto genera la incertidumbre y el temor a que en lugar de ayudar estorbemos. Da temor que nuestras actitudes dañen biografías ajenas.

104 años son muchos años. Un niño de 4 años que sufrió la gripe española, y un anciano de 104 que sufre la Covid-19. Dos pandemias en una biografía. Dos guerras mundiales y una civil en una biografía. Dos códigos de derecho canónico y un concilio ecuménico en una biografía. Nueve papas en una biografía. Y, casi la mitad de una vida como obispo.

Que Dios le bendiga, don Damián.

Juan Pedro Rivero González

Delegado de Cáritas diocesana de Tenerife

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