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No me anden chapoteando en los charcos

Por José Luis Azzollini García
martes 31 de agosto de 2021, 05:00h

Últimamente vengo leyendo el alboroto que se ha iniciado con el tema de dar visibilidad a los charcos existentes en nuestro territorio. Y, para empezar, me ha parecido una auténtica sorpresa la gran cantidad con los que se cuentan.

Según se recoge en un artículo al que he tenido acceso, estos charcos son formaciones que la naturaleza ha ido esculpiendo poco a poco en nuestras costas, brindando la oportunidad a que se preserve la vida de diminutos seres vivos. Biólogos marinos los estudian con frecuencia y son ellos, precisamente, quienes advierten que no se deberían tocar. Han dado la alarma a modo de: “dejen eso quieto”.

Pero, claro, una cosa son los biólogos y otra cosa bien distinta es la novelería humana y la canaria en particular. ¿A quién le disgusta disfrutar del mar en situación de calma y relax? Con el paso del tiempo, precisamente esa novelería, se ha encontrado con el desarrollo tecnológico y mediante la mensajería instantánea, se han dado a conocer de forma masiva y, ahora, muchos de esos rincones, se llenan de gran cantidad de gente que chapotean y se refrescan en los mencionados charcos -que a veces son charquitos- . La fortuna, para la subsistencia de muchos de ellos, ha hecho que la naturaleza haya esculpido su extraordinario trabajo en puntos de verdadera dificultad de acceso.

Pero naturalmente, tanto mensajito, tanta foto circulando, tanto comentario boca a boca alabando la belleza natural de cada uno de esos puntos, ensalzando la cristalinidad de sus aguas y no sé cuántos piropos más, ha despertado al “gran hacedor” del bien humano. Este dios extra terráqueo, se ha reencarnado en la Consejería de Turismo para poder interactuar con todo lo terrenal. Desde esta representación en la tierra de ese todo poderoso, se ha entendido que debería actuarse sobre estos espacios, para el “bien” de toda la población local y foránea -imagino que más la foránea que la local, si tenemos en cuenta la Consejería que menciono- . También se ha escrito que dicha actuación, no sería sobre los propios charcos, no vaya a ser que le pasara lo que a la pobre señora que quiso restaurar el “Ecce Homo”, sino sobre el entorno que les rodea. Se trataría de añadir un poco de cemento para poner plataformas donde echar las toallas, un poco más de cemento y adoquines para facilitar el acceso y otro poquito más de cemento para poder fijar alguna pasarela para ayudarse en la entrada y salida de los charcos. Y, me pregunto yo: ¿cómo hacen los que hoy vienen usando estos maravillosos entornos? ¿Dónde pondrán sus toallas? ¿Cómo accederán a la zona?

Por otra parte, los representantes del “gran hacedor” en la tierra, ya han expuesto, que no actuarán sobre todos los charcos. Y, esto es lo realmente creíble: lo captamos en muchas vías de circulación cuando llueve. Lo cual lleva a una reflexión inmediata: Si existen charcos y charcas sobre las que actuar, ¿Cuál puede ser la razón para que sean éstas, de las que se habla, sobre las que pongan su periscopio? Tal vez lo suyo sería actuar sobre aquellos otros, que sí que han sido creados -y ciertamente mal ejecutados por la mano del ser humano-, y que tanto malestar genera entre los conductores. Me refiero a los socavones que existen en todas nuestras carreteras (charcos), por un lado y en los estanques y embalses que pierden litros y litros por su dañada impermeabilización, por otro (charcas).

El turista, lo único que debe saber es que si visita alguno de esos puntos pintorescos de nuestras costas, han de llevar calzado para caminar sobre piedras, unos escarpines para meterse con seguridad en los charcos y, una botella de agua para beber algo de agua y una toalla para secarse la cara. Tendrá que informársele, igualmente que no dispondrá de sitio donde dejar la toalla y tenderse a tomar el sol, salvo en casos contados. Igualmente, se le informará que la botellita de agua, deberá recorrer el mismo camino de vuelta en su mochilita, pues nadie le agradecerá que quede junto al charco. Y; sobre todo, se le deberá informar que su visita es sobre su propia responsabilidad en cuanto al riesgo que pueda entrañar su presencia en estos entornos. De esta manera, sugiero, que más que invertir en infraestructura en estos entornos naturales, invierta en unos carteles estáticos en las entradas a cada uno de ellos, en dos o tres idiomas y poco más. Fíjense que no menciono gastar dinero público en “flyers” ni folletos de ningún tipo, para evitar dar más publicidad de la que se tiene. Yo creo que esa sería la intervención adecuada en los charcos, que mucha gente votante agradecería. Tal vez el señor Adrián Flores -ambientólogo especializado en biodiversidad terrestre y conservación- se lo explicará con más detalles que yo, que lo hago pensando en tono turístico. Y, en tal sentido, le indico que el turista también aprecia lo netamente natural. De hecho, es lo que realmente aprecia. Descubrir zonas por sí mismo. Estar en sitios a los que se sabe que no llegarán los grandes grupos organizados.

Si al final, no se hace caso a lo que les están diciendo las más de diez mil personas que a fecha de este artículo ya han firmado su negativa y/o a escritos como éste que yo les expongo a través de www.canariasdiario.com, han de saber que tras echar la cantidad de cemento del que he hablado en líneas anteriores, vendrá quien quiera aportar un poco más y permita que se instale la parte de gastronomía a modo de chiringuito de playa, primero y gran restaurante después. Ejemplo de esto que expongo ya hay varios en nuestra geografía, pero si necesitan más datos concretos, paseen por el Charco Azul, o La Fajana, en la isla de La Palma; o las piscinas naturales de Bajamar en Tenerife; o tantas otras en las islas y tendrán el resultado de lo que empezó siendo un par de plataformas y mejora en los accesos. Ojo, estos puntos de los que hablo, son preciosos, pero no como entornos absolutamente naturales, sino como piscinas que renuevan de agua de mar con las mareas. Seguro que en sus orígenes -yo no estaba cuando eso- también fueron charcos o algo similar. Yo desconocía la existencia de tantísimos charcos como se han mencionado y, la verdad, es que doy gracias a Dios que seamos tantos los que estamos en el mismo nivel de ignorancia. Por esa razón, la actuación que se pretende desde la Consejería, me llena de “mal rollito” que diría la juventud.

¿Al equipo pensante de la Consejería de Turismo -aunque no parece una actuación de equipo-, no se le ocurrirán otras actuaciones a llevar a cabo para beneficio de la calidad turística? ¿De verdad que no?

Miren, sin ir muy lejos, estos días atrás he recorrido un espacio al que solo recordaba haber ido de chiquillo y me he quedado sorprendido de la dejadez observada que tanto daño hace al turista que nos visita. Me refiero a la playa que hay en un pequeño caserío al final de la zona del Porís. Sitio con mucho encanto, y con una playita de arena rubia que desde lejos, luce preciosa, pero que desde cerca, deja ver grandes carencias. Unos postes de teléfono con cables colgando en unos tramos o arrastrándose ya por el suelo en otros y con gran peligrosidad para quien transita por ahí, son un claro exponente de lo que hablo. Los coches que vi estacionados portaban pegatinas de coches de alquiler lo que, sin ser un lince, hace pensar que muchos de los usuarios de esa playa en ese momento (al haber mar con olas había mucha práctica de surf), eran gente foránea. ¿Qué imagen de abandono se habrán llevado? ¿No debería estar el arreglo de este tipo de deterioros como prioritario, antes de actuar sobre la naturaleza sin que ésta haya demandado esa actuación?

En nombre del turismo no se puede hacer todo. Al turismo hay que mimarlo, llevando a cabo actuaciones de limpieza y remodelación de zonas que realmente lo necesiten y “haberlas, hay las”. Al turismo no se le capta modificando charcos para convertirlo en zonas de baño. No. Se sabe que lo primero no llena titulares de prensa y lo segundo si permite la foto de rigor. Pero quienes actúan desde los puestos políticos, ya deben ir enterándose que se les elige y paga para que gestionen el dinero público en “lo necesario”. Donde unos -los interesados en actuar sobre los charcos- entienden que han de actuar para evitar, por ejemplo, desprendimientos; otros entienden que tal vez lo mejor sería prohibir el paso por dicha zona salvo autorización expresa por motivos de estudios biológicos marinos. Pues una actuación en la montaña para evitar las caídas de piedras no se solventaría solo con cemento, sino que ya estaríamos hablando de palabras mayores y una obra de mucha envergadura.

Por todo lo expuesto, me sumo a los firmantes de la propuesta del sr. Flores y les pido, por favor, que dejen de chapotear en los charcos y lleven la “concretera” a zonas turísticas consolidadas.

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