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El tiempo entre las manos

Por Juan Pedro Rivero González
jueves 26 de agosto de 2021, 05:00h

Se está yendo el mes de agosto como agua entre las manos. Tantos hemos esperado este aparente tiempo para recuperar lecturas no hechas, trabajos pendientes, descansos debidos y, como la harina refinada, entre los dedos de nuestras manos se va escapando imperceptible y aceleradamente.

Puede ser porque le damos a los tiempos y momentos calificativos especiales que debiera tener cualquier tiempo vivido. Hace poco escuché, más bien leí, en uno de esos memes didácticos que bombardean las redes, el consejo de un maestro: “Escoge un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar nunca”. Porque cuando una labor responde al ritmo en el que respira el alma su dificultad mengua y el cansancio se esconde. Sí, pero… También hace falta descansar.

Agosto es un mes para que descansen los docentes y, con ellos, cuantos se dedican a la importante tarea de enseñar a aprender. Pero la sociedad no se para en agosto. Con menos ritmo, tal vez, en agosto siguen funcionando los supermercados, los servicios sanitarios, los cuerpos y fuerzas de seguridad y un largo etcétera de personas que entrelazan su tarea con nuestra necesidad.

Hay descansos cuantitativos de desconexión total, pero esos excesos son los que ayudan a edificar las crisis y síndrome posvacacionales. Hay descansos cualitativos que necesitan otra medida del tiempo y una respiración más honda en medio del ajetreo normal de la vida. Y ese descanso cualitativo que refuerza nuestro ritmo ordinario puede encajar en medio del mismo tiempo ordinario.

Si ponerte delante de una pantalla en blanco en un procesador de texto, o delante de un lienzo estirado y adecuadamente almidonado, o frente a la carátula de un CD de música o de vídeo, o ante la portada de un libro por estrenar, etc., despierta ilusiones dormidas, es posible el descanso en esa playa extraordinaria e íntima en la que el sol no te quema, y sin embargo serena todas las células de tu cuerpo.

Soy consciente de que este no es el mes de agosto que esperaba y sé que se escapa como agua entre las manos secas y deseosas de descanso. Pero la capacidad de dibujar alternativas posibles ante las situaciones inevitables es propio de nuestra naturaleza humana. Estamos muy bien hechos. Más bien diría que fuimos soñados para el descanso definitivo y transformamos ingeniosamente la necesidad en virtud.

Hemos de agradecerle a Augusto aquel arrebato de celos por el que cinceló por decreto que su mes tuviera tantos días como el de Julio Cesar. Por eso, se nos va el mes, pero no del todo. El treinta y uno aún está en su puesto.

Siento que es insultante para la conciencia colectiva, y por eso les pido perdón, hablar de vacaciones, descanso y serena creatividad cuando todos sabemos que en el aeropuerto de Kabul estos días, no entre las manos, sino a chorro libre, se escapan las esperanzas del corazón de muchos afganos. Siento que es indigno echar de menos descansos cuando somos espectadores de esta indignidad internacional que está convirtiendo veinte años de tiempo y tantas vidas invertidas en un tiempo inutilizadle y vendido a precio de frustración.

El tiempo se escapa entre las manos…

Juan Pedro Rivero González

Delegado de Cáritas diocesana de Tenerife

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