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Comunismo

Por Oscar Izquierdo
lunes 26 de julio de 2021, 14:47h
La grave crisis económica, social y política que sufre Cuba ha puesto otra vez de actualidad no sólo al régimen, una nefasta dictadura, pura y dura, por mucho que quieran lavar su imagen progres, rojos, verdes, morados y demás colores del arco político de la izquierda, que hacen verdaderas filigranas para no definirlo así e intentar vender sus bondades, que nadie las ve por ningún sitio o poniendo el victimismo, como premisa de su flagrante fracaso, achacándolo al embargo impuesto por los Estados Unidos. El derrumbamiento, como un azucarillo, de la URSS, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, ya presagiaba problemas futuros para la isla caribeña, que sólo ha podido resistir, malamente, gracias al apoyo petrolero de la narco-dictadura populista venezolana. Para los canarios, Cuba es especial y lo que pasa allí lo sentimos aquí, por nuestras históricas y fraternales relaciones. La emigración fue siempre una salida a cada crisis económica de nuestras islas, que llevaba a miles de personas a buscar el sustento, unos para quedarse y otros para regresar.

La verdad es cruel en muchos casos y difícil de aceptar. Ya pasó con la caída del Muro de Berlín, aquel histórico 9 de noviembre de 1989, donde también se derrumbó la división de Europa, conocida hasta entonces, por la famosa expresión de Churchill «telón de acero». La imagen que había de los países comunistas, que en ese momento se autoproclamaban como «socialismo real», era la impuesta por su propaganda, los partidos comunistas existentes en occidente y en la imaginación, idealización y sectarismo de ciertos intelectuales, que defendían lo que desconocían por dentro, que después, pasado los años, se descubrió que no era un mundo ideal, ni la felicidad en la tierra, sino precisamente, todo lo contrario, pudiéndose resumir en una sola palabra, dolor. El resultado es sabido por las experiencias sufridas en algunos países, que quedaron devastados, después de una etapa, más o menos larga, gobernados por elites comunistas que sólo llevó indigencia, hambre, discordia, división, pobreza, cárcel y falta de libertad, porque lo único que verdaderamente aumenta en un régimen comunista es la riqueza de la camarilla gobernante y la indigencia que se multiplica exponencialmente de manera significativa.

No es políticamente correcto, no sólo hablar de comunismo y menos criticarlo o mejor dicho ponerlo a carne viva, porque enseguida sus secuaces se sienten ofendidos y empiezan a enviar mensajes ofensivos, diatribas diabólicas y reseñas despectivas para quien tiene tal osadía. Utilizan su latiguillo preferido, al denominar «fascista» a quien tiene la audacia de recordar la historia, la verdadera, la que sucedió, no la que se han inventado. Aunque no les guste escucharlo, es necesario recordar, precisamente para no caer en los mismos errores, que llevaron tanta destrucción personal y material. Bueno, pues que disfruten con sus desahogos, si se sienten más tranquilos, descalificando a los que no entran en su pensamiento único.

Manuel Fraga, siendo ministro, ideó una campaña turística en los años sesenta, basada en que España era distinta. Todos nos acordamos de aquel eslogan exitoso: Spain is different. Después de muchas décadas, parece que sigue en vigor, porque lo que tenemos en el Gobierno de España, no sucede en ningún otro país de la Unión Europea, con cinco ministros o ministras comunistas que, junto a muchos allegados, han pasado de no tener ni oficio ni beneficio, a ser los representantes de la casta, que en su día tenían la intención de abolir y al final se han adueñado de todos sus privilegios.

Que una ministra comunista prepare la reforma laboral de este país y que el ministro de consumo sea también comunista, es el no va más de la política de ciencia ficción.
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