George Gordon Byron (1788-1824) fue uno de los poetas más importantes del Romanticismo y amaba a los animales. Llegó a tener monos, loros, gatos, un águila, un halcón, un cuervo, un tejón, gallinas de Guinea, una grulla egipcia, una garza, e incluso un zorro y un oso. Pero su mascota más amada era su perro Boatswain, un can de raza terranova.
El gran cariño que el poeta profesaba por su perro provocó que se contaran algunas historias historias muy curiosas, como la leyenda que cuenta que viajaba Lord Byron con su perro Boatswain en barco. El perro cayó accidentalmente y Byron pidió al capitán que detuviera la embarcación para salvar al can
El gran escritor, tras la muerte de su perro Boatswain, le dedicó estos bellos versos en su epitafio:
“Aquí reposan
los restos de una criatura
que fue bella sin vanidad,
fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad
y tuvo todas las virtudes del hombre
y ninguno de sus defectos.”
Algunos autores también le atribuyen la famosa frase: “Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”. Y aunque su autoría no está demostrada, la “extraña personalidad” y el carácter esquivo de Byron hacia ciertos sectores de la sociedad hace pensar que quizá pudiera pronunciarla.