EDITORIAL

Trump-Clinton: Showbusiness político

Jueves 13 de octubre de 2016

Para aquellos que observamos desde la distancia el devenir de la política estadounidense, crucial a nuestro pesar para el devenir del resto del Globo, ver el espectáculo lamentable que se está produciendo durante esta campaña electoral genera una enorme sensación de desasosiego. No porque la democracia de los yanquis tenga el monopolio de las virtudes, que no, sino porque deja bien a las claras que el Showbusiness ha llegado a la política para quedarse: mucha fachada, pocos valores y ni una pizca de honor.

Las recientes revelaciones de Wikileaks han puesto de manifiesto (una vez más) que Hillary Clinton es un ser movido por los grandes poderes fácticos, a como tal actuará en los próximos cuatro años al menos. Su ambición y el afán de no pasar a la historia por ser la mujer que apechugó con el caso Lewinsky -ni su etapa de secretaria de Estado ha podido difuminar ese recuerdo- han limitado sus maniobras desde el momento en que se decidió por ser senadora por Nueva York, y desde su apoyo a la guerra de Irak a las ya sabidas conversaciones con los que mandan en Wall Street se traza una línea que permite adivinar, con más o menos acierto, cuáles serán sus primeras acciones al frente del Despacho Oval. Todo esto mientras miente descaradamente al electorado y al mundo de la Cultura norteamericana, tradicionalmente aliada vital de los demócratas. De ahí al resto del mundo. Lo que ya conocemos como el mal menor.

Y eso con el mal menor. El peor es un hombre zafio, arrogante y misógeno que parece salido del bar más recóndito del pueblo más perdido de la España más cañí. Un tipo al que no le reirías las gracias ni aunque te apuntase con una escopeta pero que ha golpe de talonario y de retórica barata ha llegado a encaramarse en una posición que el común de los mortales, más preparado que él, no alcanza a soñar. Recuerda a esa época en la que se decía que Belén Esteban pdría llegar a presidente del Gobierno por su supuesta influencia sobre la sociedad española y lasobreexposición a la que estaba sometida. Dinero e influencia mediática. Belén tenía una pero no la otra. Trump lo sabía y se fajó bien en los 'bajos fondos' televisivos desde su figura de empresaio de éxito y una vez conseguida la fama... El resto ya es historia de la politología moderna. Trump es "la Esteban de NYC".

Y en esas estamos. Ante lo que parece un sketch de los mejores Martes y Trece con un toque de Lina Morgan, vaya par de dos. Los estadounidenses han legado a la posteridad el monstruo del Showbusiness, pero se olvidaron de ponerle un cerco que impidiese que contagiase todo lo demás.


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