Martes 06 de septiembre de 2016
Una de las viejas aspiraciones de la ciudad es que Santa Cruz vuelva a mirar hacia el mar, y por tanto, la avenida Francisco la Roche, conocida como de Anaga, siempre ha estado en el ojo de huracán. Sin embargo, son ya muchos años en los que los incumplimientos y la falta de dinero han hecho que la que ha de ser una de las vías más importantes de la isla haya caído en el ostracismo político, más allá de promesas electoralistas. Una de ellas, la de Bermúdez en 2012 cuando dijo que el Gobierno de Canarias se había comprometido mejorar la calidad de los accesos del puerto a la ciudad, todo ello para 2013. No fraguó.
La avenida de Anaga ha sido siempre uno de los núcleo de ocio más conocidos de la ciudad. En los años ochenta y noventa vivió una edad de oro en la que era el punto de encuentro de la sociedad santacrucera y los locales que allí se encontraban subían rápidamente de valor. La entrada en el siglo XXI trajo consigo el traslado de dicha zona de ocio a la Noria y sus alrededores, dejando un tanto huérfana la avenida pero con la promesa de que se convertiría pronto en la vía litoral que conectaría la ciudad con el mar. Para ello se proyectó un túnel que condensaría el tráfico para dejar un enorme paseo que buscaría lindar con el mar y daría nueva vida a la capital, pero la falta de dinero no permitió terminar el proyecto y hoy nos encontramos con un túnel “a medias” que ni soluciona los problemas del tráfico ni da salida a las nuevas necesidades de la zona.
El crecimiento de la llegada de cruceros, la apuesta más decidida para convertir de una vez por todas a Santa Cruz en una ciudad turística, hacía necesaria una ampliación de la terminal y también de la zona de arribadas. Una apuesta mayor por la inversión en el puerto que beneficiaría a la zona, aunque todavía sin tener una partida en firme para continuar con los trabajos de la avenida, los comerciantes han visto como los grandes proyectos han caído en saco roto y no parece que pronto se vayan a retomas las obras.
Lo que sí se ha hecho es levantar la nueva terminal de cruceros, que más bien es la ampliación de la ya existente en la que operaban Fred. Olsen o Naviera Armas. Otro lío con las obras vía Tribunal de Contratación por la adjudicación de las mismas. Ahora se va deprisa y corriendo porque a finales de mes es la Convención Mundial de Cruceros y quieren tenerla a punto (lo que nos parece bien) para enseñársela a los señores que al final decidirán si vienen o no los barquitos, o sea, el dinero.
Sin embargo, si las infraestructuras que se crean no armonizan con lo que ya está, el resultado puede ser incierto. Muchos comercios que han apostado de nuevo por establecerse y revitalizar ese núcleo pueden quedar aislados en un incomprensible mini laberinto de ordenación que llevará a los cruceristas a no tener ni que pisar la avenida de Anaga.
Mientras tanto, Alonso ofrece adelantar el dinero para continuar con las obras siempre y cuando el reparto del convenio de carreteras sea “equilibrado” -agua de borrajas- y Bermúdez le agradece el gesto, pero qué no, que lo pague el Gobierno de Canarias.
Si todas estas idas y venidas presupuestarias se siguen dilatando muchos optarán, nuevamente, por marcharse. Y a volver a empezar. ¿No les suena?.
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