Y San Fermín que todo lo ve nos bendecirá. Hace mucho calor. Es el cambio climático, pero los mozos siguen corriendo delante de los toros. Oberena es la peña que chuta. Dice La Vanguardia que España se suma a los contratos millonarios de la OTAN para calmar a Estados Unidos. En Ankara esperaban dos ramos de flores y solo se entregó uno. En El País insisten en el agravio a Begoña Gómez por no dejarla ir a Turquía. Siguen con la campaña del lawfare iniciada en la encuesta publicada el lunes, pero no con el contenido del editorial del martes llamando a la recuperación de la confianza en los jueces.
No hay quien los entienda. Se trata de una cuestión de prudencia que debería observar Moncloa. No es necesario que le quiten el pasaporte a Begoña para saber que el presidente no debe llevar a su esposa imputada a un acto protocolario, porque así estaría rompiendo todos los protocolos que se ajusten a un comportamiento estrictamente ético. De la misma forma que Zapatero y su entorno no deben sacar pecho si tienen éxito las triquiñuelas de su defensa para anular el procedimiento por cuestiones formales. El escándalo siempre seguirá estando a la vista de todos, a pesar de que lo intenten disfrazar con la llamada pena de telediario.
A Trump le salen oponentes tanto por la izquierda como por la derecha, pero todos vuelven a sonreír por la cuenta que les trae. Ha sucedido con Meloni y con Sánchez, que ahora procuran no distanciarse de la conveniencia de no desamparar a la OTAN, aunque pongan a Rutte a los pies de los caballos por pelota. Yo creo que Rutte es realista y trata de salvar una cuestión europea amenazada por otros: la Rusia de Putin y la China de Xi Jin Ping. Si para esto no le queda otra que hacerle la pelota a Donald Trump, pues que se la haga. Al fin la diplomacia se basa en eso. En nuestro país se siente la presión antibelicista de una parte del Gobierno, y esta es la servidumbre que tiene que pagar Sánchez para mantenerse en el poder.
A Pamplona hemos de ir con una bota y un calcetín. Después de varios años sin ninguno se anuncia el mayor presupuesto de la historia, aunque no se tenga seguro que se apruebe el techo de gasto. No importa, aplicaremos el último que se aprobó. Es la traca final para una legislatura que ha pasado sin contar con el apoyo parlamentario para lo fundamental. Más de lo mismo. Venderán la piel del oso por unos meses más, y si no sale adelante los españoles serán privados del paraíso por culpa de la malvada oposición. En este caso los presupuestos harán otra vez de decreto ómnibus para que funciones lo que no ha funcionado hasta ahora.
De un tiempo a esta parte las esperanzas están cifradas en la movilización de los suyos, en cerrar filas y que no se les vayan a abstener los de casa. Mientras tanto los sondeos siguen siendo demoledores y el bloque de las derechas no baja de los doscientos escaños. La única diferencia con la fiesta del santo de Pamplona es que nadie está dispuesto a entonar el pobre de mí. Ayer vi a una chica en la tele cantando una jota navarra espléndida y me acordé de aquella que dice. “Tengo un hermano en el tercio y otro tengo en regulares. Y al hermano más pequeño preso en Alcalá de Henares”.