OPINION

Rocky

Julio Fajardo Sánchez | Lunes 22 de junio de 2026

Dice Iván Redondo que ahora vendrá el presidente vapuleado a levantarse de la lona, como Rocky Balboa y la emprenderá a mamporrazos con sus adversarios políticos. Es una imagen muy cinematográfica, muy de un Hollywood irreal en la que se pretende emular la figura de un ave Fénix que compromete su destrucción de forma voluntaria. Su talón de Aquiles es ahora el caso Zapatero, cuya defensa ha asumido nadando a contra corriente de la opinión pública y de la de buena parte de su partido. Yo creo que se equivoca el gurú Redondo haciéndonos creer que de esa lucha se puede salir triunfante.

Quizá la salvación podría haber estado en desligarse del tema y actuar con la misma contundencia con que lo hizo en casos anteriores, donde ha dicho que se sintió sorprendido por el comportamiento de sus dos secretarios de organización, a los que afirmo no haber conocido lo suficiente. El juez Calama le ha dicho al investigado que el dato le gana al relato y Redondo pretende que, por el arte del birlibirloque elaborado por los asesores de Moncloa, resulte al revés. Redondo es el rey del relato, pero en este caso la frase de su señoría tiene un peso incontestable y le va a resultar muy difícil contradecirla.

El relato, en este caso, está en franca decadencia. Llueve mucho sobre mojado para volver otra vez con el cuento de la vieja majadera. La lamentable actuación del juez Peinado le ha servido como justificación para ensañarse con la clase judicial, pero ni el juez Calama ni el juez Pedraz son de esa calaña. Si quieren un ejemplo de un juez deslenguado e inoportuno, ahí tienen a Martín Pallín, que le ha dicho a Wyoming que la presentación de una moción para pedir elecciones es un intento de golpe de Estado. Estoy seguro de que veremos a Rocky levantarse y emprenderla a golpes. No es ninguna novedad. Todo sea para elevar la moral de los suyos, que está más hundida que el barco del arroz.

Ayer España le ganaba a Arabia saudita, pero en el ambiente flotaba el chiste de las joyas y un meme las hacía aparecer en el intercambio de banderines. Darle la vuelta al relato va a ser muy difícil, pero todo se puede esperar. A Redondo ya no hay quien se lo crea, ni a sus caucus, ni a su pelo postizo, ni a sus esfuerzos desesperados por colocar su libro en las televisiones. Lo que nos faltaba es convertir a Sánchez en Silvester Stallone o en una especie de Arnold Schwarzenegger que hoy por hoy son solo figuras del museo de cera.


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