OPINION

Calendario Apócrifo

Daniel Molini Dezotti | Sábado 20 de junio de 2026

Me tuve que fijar, para recordar bien, que fue Numa Pompilio, siglos antes de Cristo, quien añadió al calendario romano los meses de enero y febrero. Antes, el almanaque era más pobre: apenas unos pocos días más de 300.

Numa lo llevó a 355 para armonizar las estaciones con las fechas, porque las primaveras se desajustaban y, al año siguiente, las hojas no se caían cuando tocaba, ni las siembras armonizaban con las siegas.

Esa falta de coherencia no se correspondía con un imperio que pretendía nacer.

Más tarde, Julio César, en el 46 a. C., impuso el calendario de 12 meses y 365 días y, ya que estaba, se quedó con el mes 7; Augusto, nada lerdo, hizo lo propio con el siguiente.

Si Roma bautizó los meses con dioses y césares, no hay razón para que sigamos arrastrando ese santoral vencido. Hoy el poder no viste toga, factura en dólares y tuitea a las tres de la mañana. Por eso este calendario no corrige bisiestos ni desajustes astronómicos, corrige la lista de patronos. Es optativo, es malvado, diseñado para apuntar citas señaladas y, si son odiosas, mejor, mes a mes, de enero a diciembre.

Trumpenero: Apto para empezar el ejercicio fiscal con el mejor de los caos, a fuerza de aranceles, decretos, amenazas y fracturas. Es un mes de muro mental y mitin permanente, en el que la campaña nunca termina y la realidad es aquello que grita más fuerte.

Febezoario: Corto pero feroz, como el algoritmo que decide qué vas a comprar antes de que lo sepas. Es el mes del Prime Day, de las cajas de cartón y repartidores que corren contrarreloj, porque el reloj se lo puso el dueño, que mira la tierra desde un yate o un cohete, lo que esté más cerca.

Mileiazo: Treinta y un días de motosierra, dolarización mental y "no hay plata", repetido como mantra. Promete recortar todo menos el tiempo que tarda en terminar, anunciando bonanzas para la estación siguiente, no esta, la siguiente, la que nunca llega.

Muskril: Mes errático por diseño, empieza con un cohete que explota "como estaba previsto" y termina con un coche que puede no ir donde debería porque le falta una actualización. Muskril no se mide en días sino en publicaciones a medianoche.

Zuckerayo: El mes en que cada conversación tiene un tercero escuchando. Treinta y un días pantallas, de anuncios que adivinan lo que vas a necesitar, de sonrisas de algoritmo que registran la vida y la devuelven troceada por intereses. Todo está en venta, incluso lo que creías privado.

Fondorio: Despedimos a las viejas diosas de la fertilidad y las cambiamos por los grandes fondos de inversión, que compran edificios enteros antes del desayuno. Treinta días de alquileres que suben "por el mercado" y de barrios convertidos en activos. Fondorio no fecunda nada: adquiere, trocea y revende.

Banculio: Julio César cambió la historia con un calendario y una conquista; Banculio la cambia con un derivado financiero y una llamada a las cuatro de la tarde, hora de Nueva York. Mes de balances creativos, rescates que se llaman "estabilización" y riesgos que siempre paga otro.

Agosales: Todo en venta: es el mes de Wall Street en estado puro. Sube el dólar porque alguien estornuda en Davos, baja porque otro alguien lo desmiente en Bloomberg. Nadie entiende el motivo real, ni falta que hace; lo que importa es la variación, no la causa.

Thielembre: Semanas financiando la promesa de vivir mil años mientras se sostiene que la democracia ya cumplió su función histórica. Es el mes de los que coquetean con el autoritarismo y el capital riesgo.

Oct-overshore: Treinta y un días de guaridas fiscales, donde el dinero practica la teletransportación: sale de un país a la mañana y aparece en un archipiélago antes del mediodía, días de declaraciones juradas con agujeros del tamaño de una isla.

Bolsoviembre: Temporada alta para negar el cambio climático con el mismo fervor con que se niega la curvatura del horizonte. Mes de selvas que arden fuera de cámara y de discursos que las declaran intactas.

Bibisinembre: Dos quincenas, cien versiones, ninguna disimula las contradicciones. Vetos en el Consejo de Seguridad, apelación a la "legítima defensa" que siempre se explica después del hecho.

Y aquí concluye el calendario de doce meses, doce maneras de llamar al poder por su nombre, con césares que se marcharon dejando a julio y agosto como cáscaras vacías, desde hace muchos siglos, en tiempos en que los tributos se gastaron.

Lo mismo les pasará a quienes se sienten emperadores, con apellidos que hoy lastiman, que describen el poder inmenso de una época sin saber que, al tiempo que están construyendo sus fortunas, están redactando también su epitafio.

Bezos, Trump, Milei, Bolsonaro, Thiel, Zuckerberg, podrán conseguir lo que quieran, ¡y más!, pero terminarán como el martes de Marte o el jueves de Júpiter, disueltos en la rutina de tacharlos, como si fueran un día cualquiera del almanaque.


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