El Rey, en sus palabras de bienvenida: “Llegáis a un país donde está una parte de vuestras raíces. Os recibe un pueblo al que conocéis bien: vital y con carácter, solidario y tolerante; también creativo, y cosmopolita”.
En su primera intervención del Viaje a España, el Santo Padre ha expresado su agradecimiento por la invitación a visitar nuestro país, de los Reyes y de la Iglesia en España. “Doy gracias –ha comenzado León XIV– al Señor por este encuentro y expreso mi agradecimiento por la invitación a realizar este viaje apostólico a España: un itinerario en varias etapas, cada una de las cuales revelará algún aspecto de la riqueza multifacética de un gran país que, desde hace casi dos milenios, ha acogido la Palabra del Evangelio”.
Previamente a la intervención del Papa, Felipe VI le ha dado la bienvenida oficial “en una lengua que es también la vuestra”, le ha dicho el Rey al Santo Padre. “Llegáis a un país donde está una parte de vuestras raíces. Os recibe un pueblo al que conocéis bien: vital y con carácter, solidario y tolerante; también creativo, y cosmopolita”.
“La fe católica está –ha continuado el Rey– enraizada en nuestro país y sin ella —bien lo sabéis— nuestra historia y nuestra cultura no se entenderían”.
Dirigiéndose a los Reyes, las autoridades y el cuerpo diplomático, y a todo el pueblo español, el Santo Padre ha afirmado que “vengo entre ustedes para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación. De hecho, su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad”.
“De hecho –ha continuado el Papa– su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad. El mensaje de paz que en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad”.
Durante su intervención, el Santo Padre se ha referido a dos místicos españoles, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila. “La suya es una mística con los ojos abiertos, es decir, no ajena a la historia, sino que, por el contrario, lleva a la raíz de las cuestiones, al corazón de la realidad”.
Ante los Reyes, las autoridades y el cuerpo diplomático, el Santo Padre ha afirmado que “hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia”.
Por ello, ha realizado una invitación a “abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad. Veo aquí una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y fundamental. Es el regalo que el Viejo Continente puede hacer al mundo si quiere permanecer joven, pues joven es quien siente que tiene un futuro y una misión que aún interpelan”.
En este sentido, se ha referido a las nuevas tecnologías, que “se han convertido en un entorno artificial en el que nuestras opciones fundamentales se ponen a prueba: en su interior, los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita, los intereses prepotentes siembran pulsiones de muerte. Por otra parte, el bien puede resistir y comunicarse”.
“Es necesario, –ha afirmado– sobre todo por parte de quienes tienen responsabilidades económicas, políticas e institucionales, dar un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación, a las comunidades locales y a la sociedad civil como semillero de participación y mediación cultural”.
Finalmente, el Santo Padre ha pedido optar “por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien, indiquemos criterios de discernimiento —la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz— y traduzcámoslos en prácticas”.
Tras su llegada, el Pontífice se ha trasladado al Palacio Real de Madrid, escenario de los primeros actos institucionales. A las 11:30 horas el Papa ha recorrido en coche un Madrid abarrotado de fieles. El Santo Padre ha sido acompañado en el último tramo hasta el Palacio escoltado por el Escuadrón de Escolta Real a caballo.
Acompañado por los Reyes, la princesa Leonor y la infanta Sofia, en su primera recepción oficial a un jefe de Estado, el Santo Padre ha recibido honores de Estado. Tras la interpretación de los himnos del Estado de la Ciudad del Vaticano y de España, León XIV y el Rey han pasado revista al contingente de la Guardia Real en la Plaza de la Armería; desde donde, tras los saludos protocolarios, han accedido al interior del Palacio.
A continuación, se ha desarrollado el encuentro privado entre el Sumo Pontífice y la Familia. Tras lo cual, el Santo Padre y los Reyes han saludado a las autoridades presentes en el acto entre los cerca de 250 invitados. Ha sido tras este encuentro cuando se ha producido la primera intervención del Santo Padre en el Salón de Columnas ante las autoridades y el cuerpo diplomático acreditado en España.