OPINION

Lo tóxico en política

Julio Fajardo Sánchez | Domingo 31 de mayo de 2026

Recomiendo la lectura del magnífico artículo firmado este domingo por Fernando Vallespín en El País, titulado “Democracia tóxica”. Es el retrato más exacto de la situación por la que estamos pasando, extremadamente local, a la que no le hace falta aplicar paliativos de influencias externas. Ampararse en las circunstancias del mundo que nos rodea no sirve como justificación en ningún caso, y es una forma de negar una realidad de la que somos los únicos responsables.

El problema estriba en que las reacciones que enumera el articulista, catedrático de ciencia política, son las recetas que conviene aplicar a una militancia que se encuentra al borde de la desesperación para que no aumente sus niveles de decepción y desencanto. Otra vez nos fiamos de la condición media de los ciudadanos para soportar sobre ellos las responsabilidades que son exclusivas de quienes los guían. Vallespín menciona a la regeneración como paso previo ante una consulta electoral. Aquí estamos hablando de lo mismo desde los cinco días de reflexión tras la carta de un enamorado ofendido, pero lo cierto es que, según un auto del juez Pedraz, a partir de esa fecha se puso en marcha el funcionamiento de las cloacas para tratar de combatir los asaltos judiciales con un propósito de enmienda que no se ha producido jamás, sino que, al contrario, ha ido en aumento.

Ya sé que esto que escribo no va a hacer reaccionar a nadie, ni las específicas denuncias y recomendaciones para rectificar, que hace Fernando Vallespín, van a conseguir nada encaminado a una reflexión sincera que ponga en marcha el cambio de actitud que necesita la política española. Nada de esto se va a producir, aunque sepa que hay una gran mayoría que lo entiende. Todos prefieren seguir detrás de la teoría de la conspiración, y pensarán que el autor del artículo también forma parte de ella, y hasta yo mismo por repetirla. Esa resistencia numantina que se basa en el cierre de filas sin atender a otras razones es lo que nos lleva directamente a la catástrofe.

No lo entenderán. Pero lo cierto es que los órganos de prensa que hasta ahora se consideraban ecuánimes se atreven a influir en una toma de decisiones que jamás se va a llevar a cabo. Cada día hay menos voceros alineados con las consignas oficiales, y ya no falta más que incluirlos en el llamado pseudoperiodismo. Todo ha pasado a ser pseudo si no coincide con una versión, cada vez menos tenida en cuenta, que intenta aparentar ser la única que está en el lado correcto. Vallespín califica de tóxica a esta versión de la democracia que estamos padeciendo, pero yo considero que es bastante condescendiente al no llamarla autodestructiva. Lo tóxico lo dejamos para las relaciones de pareja que no funcionan adecuadamente, pero esas parejas todavía tienen la oportunidad de hacerlo en algunas cosas, aunque no estén de acuerdo en casi todo lo demás. Hay terapias que pueden resolver estos errores, pero me temo que la toxicidad a la que se refiere Vallespín solo se arregla con un cambio de compañero de vida. Creo que no basta con la simple promesa del no lo volveré a hacer. Ya lo dijo alguien después de matar a un elefante, y la cosa desde entonces no hizo sino ir a más.


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