Mientras que el caso viral de un collar inteligente chino que promete «traducir» a las mascotas divide opiniones en las redes sociales, un experto analiza el avance estructural de los sistemas multimodales en el ámbito empresarial.
El avance global de la inteligencia artificial está atravesando una transición estructural hacia modelos basados en interacciones multimodales, el comportamiento y la humanización de las interfaces. Esta transformación está ganando impulso comercial ante fenómenos como el reciente caso viral del collar PettiChat, lanzado por la startup china Meng Xiaoyi. El dispositivo generó más de 10 000 pedidos en su fase de preventa a un precio unitario de 118 dólares, impulsado por profundos cambios demográficos en Occidente.
En España, los datos de la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC) y de la FEDIAF muestran que el 49 % de los hogares tiene mascotas, lo que suma más de 28 millones de animales registrados, un ecosistema centrado en el bienestar animal que se prevé que genere 26 300 millones de dólares a nivel mundial para 2031, según Mordor Intelligence.
El equipo funciona combinando micrófonos de alta sensibilidad y sensores de movimiento con el modelo de lenguaje Qwen, con el objetivo de correlacionar ladridos y maullidos con una base de datos de más de un millón de muestras vocales para traducir unas 20 emociones en 1,2 segundos, con una precisión del 95%. Sin embargo, ante la falta de validaciones científicas independientes, la tecnología suscita opiniones encontradas en foros digitales y redes sociales, donde los usuarios se preguntan si el sistema realiza una lectura objetiva o si genera conjeturas estadísticas con un toque de humor.
Más allá del nicho del consumo de productos electrónicos, el sector empresarial considera este fenómeno como un indicador fiable del mercado: los consumidores están rechazando la rigidez de los cuadros de texto tradicionales y demandan respuestas tecnológicas contextualizadas y dotadas de lenguaje no verbal.
“El sistema inmediato generado por herramientas que pretenden traducir el lenguaje animal apunta a un claro síntoma de comportamiento en el mercado de consumo. Los usuarios, tanto en su vida cotidiana como en sus interacciones con las empresas, están rechazando la rigidez de las interfaces estáticas tradicionales. La inteligencia artificial avanza hacia un enfoque relacional, en el que la interpretación de los tonos de voz, las expresiones y el lenguaje no verbal se convierte en algo imprescindible para construir flujos de comunicación eficientes”, analiza Flávia Peres, especialista en tecnología interactiva y fundadora de Euvatar.