Si hay algo que no deja de sorprender en el mundo de la política es cuando se escucha a alguien del mundo político decir ante las cámaras y los micrófonos hablar de algún miembro de su equipo, cuando éste se enfrenta a un tema judicial. Es casi como si ni siquiera le hubiera conocido. Y, si eso llama la atención, es mucho más impactante ver cómo la población en general, se traga tamaña píldora. Claro que lo conocen, pero, al caer en desgracia, esa persona pasa a ser un auténtico desconocido. Salvo, claro está que ese presunto delincuente, sea un súper peso pesado. ¡Amigo! En ese caso, el momento de llevar al sujeto al mundo del “¿Quién me habla?”, pasará por unos estadios, perfectamente estudiados. ¿Se hace para proteger al investigado? ¡Qué va! El interés es absolutamente egoísta. Lo que cuenta es el partido o quien tenga que defender su poltrona. Eso es, será y ha sido en cada uno de los casos, lo primero; ¡lo primerísimo!
Los ejemplos en cada uno de los partidos hay muchos, pero me van a permitir que traiga a esta sección alguno de esos casos que, a mí la menos, me han producido una mezcla entre el estupor por ver cómo se intenta jugar con lo evidente y admiración por la capacidad de giro que determinados políticos hacen gala para tratar de convencer que la persona, en cuestión, realmente no era tan importante y por lo tanto lo hecho por él/ella, no les reportará ningún problema.
Cuando la Justicia se fijó en las andanzas de quien más tarde pisaría la cárcel, desde el Gobierno del momento, su presidente le dijo algo así como: “¡Luis, sé fuerte!”. En este caso del quien fue tesorero del Partido Popular comenzó con ese supuesto apoyo de quien en aquel momento ostentaba la titularidad el Gobierno de España. Poco tiempo después y al mismo ritmo que iban avanzando las pesquisas policiales y la investigación judicial, aquel apoyo inicial, se fue tornando en: Usted me habla de quien no forma ya, parte del partido. Y terminó casi en la categoría de delincuente por algunos miembros del partido al que pertenecía. En la sede de su grupo político, ya comenzaba a surtir efectos la picada del bicho del olvido y casi del desprecio. Todo el país fue testigo de la metamorfosis que iba surgiendo en torno a este personaje. Todo el país, también fue testigo de la moción de censura que por todo este lío le costó el gobierno al partido que lo gestionaba. Últimamente, quien fue y dejó de serlo, ha pasado, por una simple reacción humana, al ataque y lo que en todo momento no era más que unas iniciales anotadas en un libro de cuentas contables, se tornaron en un nombre y un apellido perfectamente conocido por todo el Estado.
El motivo que originó aquel cambio de gobierno en España, nos invitaba a pensar que aquel “dije lo que desdije”, no se volvería a repetir. Y no era difícil de pensar pues habían llegado a tener las riendas del poder, precisamente por haber convencido a una mayoría de Diputados y Diputadas, que nuestra España, no podía aguantar más, tanta corruptela, anteponiendo la presunción que sea pertinente. ¿Molesta esa situación? Pues, ¡toma dos tazas! Y más de dos, si nos atenemos a las noticias que han ido surgiendo desde que tenemos un partido diferente en el Gobierno. La suerte que tiene el conglomerado de partidos gobernante, es contar con un líder en la oposición pusilánime que no presenta la moción de censura, por una cuestión de números. ¡Si no hay mayoría para que prospere, no habrá moción! Con tan poca capacidad de convicción, Usted, señor candidato, no merece que se le aporten los votos para que gobierne. Bajo mi criterio, que no vale sino un voto, Usted no está entendiendo la indignación de España. O le importa el mismo pimiento que a quien gobierna.
En el partido que está detrás del gobierno actual tenemos casos de distintos niveles. Desde un señor que entraba como pedro por su casa en algunos ministerios y despachos públicos; y que, una vez encauzado y estar ocupando una plaza de preso preventivo por tratarse de un supuesto eslabón en una presunta trama de corruptelas que se está dirimiendo en estas semanas, ha pasado al ostracismo más absoluto. Y, de tener una presencia de casi viceministro, ha ido quitándose las capas hasta ver que realmente debajo de toda aquella apariencia ha ido surgiendo un cortador de leña, que por su corpulencia fue pasando de portero de discotecas, a chofer y guardaespaldas de un señor ministro que ahora ocupa celda contigua. Ahora, de aquel portento, ya solo queda un perfecto desconocido para los primeros espadas del partido de sus amores. Ha terminado siendo el chico del café y el proveedor de folios.
Su jefe directo, que además de Ministro llegó a alcanzar el grado de Secretario de organización del partido mayoritario del gobierno, también ha sido víctima de pasar de mariposa a crisálida y espera a ver si no se convierte en gusanito de carnada. Lo fue todo. Su jefe Siempre lo tenía a su lado. Todo hace indicar que no sólo lo tenía, sino que hasta lo quería junto a él. Tanto, que se lo llevó a recorrer las carreteras nacionales en un pequeño Peugeot. Ya Ministro, se pavoneaba como un socialista de pro, luchando por un feminismo que defendía tanto, que parece que le llevó a que las mujeres formaran parte de sus asuntos más particulares. Y, de todo aquel poderío, llegó a la categoría de: ¿Y, tú quién eres? El mismo lo dejó claro: ¡nadie!
Quien le sustituyó en el cargo de Secretario de Organización de su partido, con despacho propio para, supuestamente, hacer que todo fluyera en su entorno político, también tuvo su momento estelar; cogiendo un taxi para ir al Juzgado a declarar y de allí, prácticamente usar los medios públicos para su traslado a Soto del Real. ¿Era conocido en su partido? ¿Se sabía quién era en el Consejo de Ministro? Perfectamente. De él se tenía actualizado perfectamente su CV. A una señora ministra le escuché decir, antes de entrar en su periodo de detención preventiva, que se trataba de una persona para quien se pedía la presunción de inocencia; para, a los pocos días, pasar a hablar de “alguien” que ya no formaba parte de su partido. ¿Cómo? ¿Pero si hace unos días era…? ¿Entonces ya no es…? No sé ni de quien me pregunta. ¡Otro tema!
Otros grandes personajes han ido haciendo acto de presencia en el túnel de transformación para pasar, de lo que era a lo que es, casi sin darnos cuenta. Y, por supuesto, sin que apareciera ni una pincelada de colorete en la mejilla de ninguna personalidad política al defenderles y acto seguido, defenestrarles.
La última persona de esta, ya, larga lista de casos que han ido entrando en nuestras vidas, es quien fue un presidente de gobierno de amplia sonrisa. De momento se está en la fase inicial de su proceso de mutación, luciendo un lustroso calificativo de “presunto” que todo el gobierno en peso está haciendo visible con luces de neón. Una potente iluminación que ha conseguido que el ministro que sigue en prisión y pendiente de su sentencia, haya adquirido un color verde que para sí lo querría la rana Gustavo; aunque en su caso creo que es de envidia. Reclama que el trato recibido por él y el que se le está dispensando al que fuera Presidente y casi embajador sin titulación de un país caribeño, es distinto. Tranquilo, todo lo que sube, parece que baja. ¿Le conozco de algo?