OPINION

Anoche Andalucía

Julio Fajardo Sánchez | Lunes 18 de mayo de 2026

Ya se ha despejado la incógnita de Andalucía. Moreno no ha conseguido la mayoría absoluta, es decir, se ha metido en el lío, y Montero ha hundido a su partido más de lo que estaba. Ahora habrá que analizar cuál de las dos situaciones influye más en la vida nacional. Los gabinetes de campaña se encargarán de medirlo para no salir dañados. Actúan como el bálsamo de Fierabrás de don Quijote, que lo recomponía al día siguiente de aguantar una somanta de palos, y así recuperarse del descalabro para recibir el próximo. Este es el hilo conductor de nuestra mejor historia, muy parecida a la del Coyote y el Correcaminos, donde siempre es el mismo el que paga los platos rotos.

No se puede decir que lo de Adelante Andalucía haya sido una sorpresa, pues también sucedió en Aragón que una fuerza regionalista de izquierdas aprovechara el vacío que dejaban las dos grandes formaciones políticas, más pendientes de Vox que de otra cosa, para dar el campanazo y convertirse en protagonistas de un reajuste en las preferencias electorales. Han sacado 8 escaños en una región con 8 millones de personas, algo parecido a lo que consigue la ERC de Rufián en Cataluña. Con estos resultados piensan estar presentes en la convocatoria nacional prevista para 2027. Esto tendría que hacer pensar a Sumar, a Más Madrid y a Izquierda Unida, por donde van los tiros. La operación Rufián será una maniobra dispersa dentro de esa plurinacionalidad a la que todos reclaman, incluso Moreno, según Iván Redondo.

Hoy no hay Situation Room en La Vanguardia porque la crónica se hizo desde ayer y anoche el analista estuvo desarrollando sus teorías en la Sexta no con demasiado éxito, hasta las tantas. Hay quien confunde a la plurinacionalidad con el pluripartidismo, porque en Andalucía, ese nacionalismo es residual y testimonial y nada comparable al de las comunidades históricas. Andalucía es histórica, es decir, equiparable a las del articulo 151, gracias a un proceso extraordinario que desembocó en una ley orgánica. Lo que ha triunfado es un rechazo a ese nacionalismo institucionalizado en las regiones que hoy suponen el apoyo más importante para el gobierno, ya sean de izquierdas o de derechas.

No es verdad que exista un proyecto nacional basado en lo plurinacional. Sería como los reinos de Taifas que dieron al traste con la presencia islámica. Esta situación no es de aplicación, por más que lo diga Iván Redondo o por mucho que crezcan los de Teresa Rodríguez. En el fondo, ese revulsivo se podría definir como la lucha entre los seguidores de Lole y Manuel y los de José Manuel Soto, pero no es eso. Hay otra Andalucía mayoritaria, la que constituyen la suma de PP y PSOE, que alimentan el auténtico pulso de la región de forma natural.

Experimentos nacionalistas ya han existido, como el de Alejandro Rojas Marcos o el de Pedro Pacheco, y a los dos les dieron carpetazo los socialistas a su debido tiempo. Un renacimiento andalusí, con mezquita y palestina, no parece tener demasiado futuro, pero están ahí, y seguramente son los responsables de los dos descalabros: el de Juanma Moreno al no conseguir la mayoría absoluta, y el de María Jesús Montero al tener el peor resultado histórico de su partido. Estaban como los conejos de la fábula, mirando a Vox, y se los comieron los perros de las murgas de Cádiz. Esto es lo que se me ocurre. Nada nuevo. Ninguna sorpresa. Si alguien ha ganado ha sido la participación, y yo creo que fue la gran responsable de lo acontecido en estos comicios.


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