OPINION

Coordinación médica: retos estructurales urgentes

Miguel Lázaro | Jueves 07 de mayo de 2026

En el engranaje silencioso de nuestro sistema sanitario existe una figura clave que rara vez ocupa titulares, pero cuya ausencia se nota de inmediato: el coordinador de los centros de salud, y de manera muy especial, el coordinador médico. En tiempos de normalidad ya desempeñan una labor compleja; en el contexto actual, marcado por la escasez de profesionales y la creciente presión asistencial, su papel se ha vuelto sencillamente imprescindible.

Porque conviene aclararlo: la coordinación en atención primaria no es únicamente una tarea organizativa o administrativa. En gran medida, es una responsabilidad clínica. El coordinador médico no solo organiza agendas o gestiona incidencias; también asume la supervisión del funcionamiento asistencial, garantiza la calidad de la atención, toma decisiones clínicas en situaciones complejas y actúa como referente para el resto del equipo. Sobre sus hombros recae, en buena medida, la responsabilidad de que la atención sanitaria sea segura, eficaz y coherente.

Coordinar un centro de salud hoy significa gestionar agendas desbordadas, cubrir ausencias imposibles, mediar en equipos sometidos a una presión constante y, al mismo tiempo, seguir pasando consulta. Es, en definitiva, sostener el equilibrio de un sistema que opera al límite. Pero además, en el caso del coordinador médico, implica asumir un liderazgo clínico real, con todo lo que ello conlleva en términos de responsabilidad profesional.

Sin embargo, esta doble carga —gestora y asistencial— no se traduce ni en el reconocimiento institucional ni en una retribución acorde a la magnitud del trabajo desempeñado. Resulta difícil de justificar que, mientras los jefes de servicio hospitalarios cuentan con estructuras de apoyo más consolidadas y mejores condiciones económicas, los coordinadores médicos de atención primaria afronten responsabilidades clínicas directas, presión asistencial diaria y gestión organizativa con menos recursos y menor compensación.

Esta desigualdad no solo es injusta, sino también peligrosa para la sostenibilidad del sistema. Porque cuando el esfuerzo no se reconoce, deja de ser atractivo. Cada vez son más los médicos que rehúyen asumir la coordinación de un centro de salud. No por falta de compromiso, sino por una lógica evidente: asumir más responsabilidad clínica, más carga organizativa y más estrés sin una compensación adecuada ni tiempo protegido para la gestión no es sostenible.

Y sin coordinadores médicos motivados, la atención primaria pierde su eje vertebrador. No hablamos solo de organización, sino de liderazgo clínico, de toma de decisiones, de garantía de calidad asistencial. Sin esa figura fuerte, el sistema se fragmenta, se vuelve más ineficiente y, en última instancia, perjudica al paciente. Conviene recordar que la atención primaria es la puerta de entrada al sistema sanitario. Es donde se resuelven la mayoría de los problemas de salud y donde se garantiza la continuidad asistencial. Si esta base falla, todo lo demás tambalea. Y en esa base, los coordinadores y especialmente los coordinadores médicos, son piezas estructurales.

Por ello, no se trata solo de hacer justicia con un colectivo profesional; se trata de proteger la calidad del sistema sanitario en su conjunto. Es imprescindible dotar a los coordinadores médicos de tiempo real para la gestión, reduciendo su carga asistencial cuando sea necesario, y reconocer explícitamente su papel clínico. También lo es revisar sus condiciones retributivas para alinearlas con la responsabilidad que asumen, tanto organizativa como asistencial.

Reconocer su labor no debería ser una reivindicación, sino una evidencia. Pero mientras no lo sea, conviene insistir: sin liderazgo clínico no hay calidad asistencial, y sin coordinación no hay sistema que funcione.

Invertir en los coordinadores médicos de los centros de salud no es un gasto, es una garantía de futuro. Y, sobre todo, es una cuestión de coherencia con aquello que decimos defender: un sistema sanitario público, eficiente y de calidad.

Valorar la primaria, que es hoy un entorno sanitario complejo, es dedicarle el presupuesto que precisa, mejorar un 40-50 % las retribuciones de los médicos, igualar la retribución de los coordinadores con los jefes de servicio. hacerlos más resolutivos, con mucha mayor capacidad para la autogestión, limitar el número de pacientes ( verlos a tiempo y con tiempo), dedicarle tiempo a la docencia, a la investigación y a la formación continuada , optimizar el abordaje psicosocial y multidisciplinar, desburocratizar la tarea del médico, ampliar las plazas de TCAES , implementar las psicólogas en atención primaria,-dada la prevalencia de factores psicosociales en las demandas de los pacientes-, mejorar la coordinación con otras especialidades, empezar a utilizar la inteligencia artificial en ciertas tareas y sobre todo fomentar al máximo la prevención primaria , tarea que el médico no puede hacer dada la sobrecarga de las agendas.

Tenemos excelentes médicos de primaria, pero el actual sistema con grave déficits de médicos especialistas y sobrecarga confluyen en la consolidación progresiva del burnout, principal depredador del médico y que tiene importantes consecuencias sobre la calidad asistencial y la seguridad clínica de los pacientes.

Ya saben en derrota transitoria pero nunca en doma.


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