OPINION

Tercera ley de Newton

Julio Fajardo Sánchez | Domingo 19 de abril de 2026

La cosa no está bien. He visto a una monja argentina mandar a la mierda a uno de Podemos. A un millonario americano que ha sido elegido presidente de su país le escucho decir bravuconadas estúpidas en sus redes sociales. Hace unos meses fue a buscar a su país a un matón que le decía: “Cobarde, ven a por mí. No te tardes”. Esta gente actúa así porque hay un público que ha sido inducido para aplaudirles. Como consecuencia, y para salir al paso de tanta insensatez, se reúnen unos líderes progresistas para presentar un frente de batalla y así evitar que proliferen los que impiden la implantación de su proyecto planetario. Es igual, una cosa es el caldo de cultivo de la otra.

El americano es peligroso porque intenta resolver los problemas a base de bombas, y cree que incendiando una parte del mundo va a afianzar su posición de fuerza ante un electorado atrapado por recobrar su identidad nacional. Todos hacen lo mismo, porque hay un pueblo adicto a las hamburguesas y a los helados que sobrevive al infarto y al sobrepeso. Cruzan todos los días los pasos de peatones con el móvil en sus orejas, pendientes de no se sabe qué conversación y exponiéndose a un atropello. Están preocupados porque unos ayatolas no dejan a las mujeres vestirse como quieren en un país a muchos kilómetros de donde viven y persiguen a los homosexuales como si fueran los hijos malditos del dios antiguo y justiciero que castigó a Sodoma y Gomorra. Ante esta situación desesperante se organiza un frente de resistencia que se disfraza de la moderación de los perdedores que quieren recuperar la confianza a base de buenas maneras. Resistir es la consigna, y todos lo hacen frente a un asedio que ellos mismos han provocado.

Se trata de reproducir las tensiones físicas que se producen de forma natural según la tercera ley de Newton. Esa ley garantiza el equilibrio universal, pero a la vez establece el riesgo de desacuerdos cuando las fuerzas no se compensan adecuadamente. Ahora hemos ido otra vez a la luna y rememoramos esos principios, sobre todo el de inercia. La inercia es una ley universal, pero hay quien se empeña en alterarla, en dominarla, en hacerla cambiar de sentido para así sentirse el dueño de su pequeño universo. Acción-reacción, potencia-resistencia, son las respuestas que se dan a la debilitación de las estructuras equilibradas por la estática.

El problema del mundo es que tiene una vocación dinámica, o en eso es en lo que creemos que consiste la evolución. Un mundo dinámico chocando contra otro que no quiere perder su condición estática. No se sabe cuál de los dos es más estable, ni cuál representa realmente a los impulsos cambiantes del progreso. Aquí se intercambian los papeles con mucha facilidad. Las fuerzas tiran igual hacia la izquierda como a la derecha porque el desiderátum de una posición centrada no produce réditos inmediatos ni está de moda. Lo positivo es seguir alimentando un monstruo para crear seres anodinos, un paraíso donde las monjas mandan a la mierda a los ultras, y los ultras masacran a los más débiles y así todos, en una especie de milagro, nos hacemos amigos del papa, que siempre estará ahí como un tentetieso para recibir de todos lados, según convenga.

Como siempre, los conejos contra las escopetas, sin darse cuenta de que lo habitual es que ganen las escopetas, aunque solo sea porque tienen controlado el retroceso a la hora de disparar.


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