Ha entrado la calima, ese polvo arenoso que enturbia el cielo. Bajé al tanatorio en medio de esta atmósfera pesante. El coche se volverá a quedar pasmado despues de que lo lavé por el ultimo atentado de la contaminación. No vi a pájaros volando, ni a palomas ni a tórtolas. Estaban recogidas en sus refugios. Por allí andaban los viejos compañeros de la Gerencia. En unos días cumplo 84 y Víctor en dos meses. Estamos bien en lo que cabe. Faustino en el ataúd, todo lo largo que era y yo viendo pasar el tiempo, como la puerta de Alcalá.
Todos los que estábamos presentes empleamos nuestro esfuerzo durante un tiempo a transformar las cosas. Una vez pensé que los hombres nos hemos dedicado a cambiar a las piedras de sitio. Lo mio es contarlo. Todos tuvimos algo que ver: ingenieros, arquitectos, delineantes, secretarias, contratistas y políticos. Durante un tiempo una opinión malévola los ha llamado el enjambre de la corrupción, pero no es otra cosa que el impulso de la transformación para que todo avance, o para que siga igual, según la versión de Lampedusa.
La vida es un continuo desagradecimiento a los que han sido sus servidores. Luego vendrán las generaciones y se sentarán en el banco del parque ignorando quién fue el que decidió ponerlo allí. Todas estas cosas pensé mientras el cura hablaba del cielo. A mi lado estaba José Antonio Hernández, de Dragados, compañero de más de 20 años en Cointe. Amigo de Faustino, como yo y como Víctor y como tantos que fuimos a despedirlo con el corazón roto.
Me senté alejado y pude ver desde fuera al mundo que organiza los ambientes por donde andamos habitualmente, que construye las carreteras por donde vamos en coche y hasta las piscinas donde nos bañamos. A ese mundo lo llamamos infraestructura y cada cierto tiempo lo destruimos a bombazos para hacer uno nuevo. Los que escriben los largos trazos de la historia lo llaman evolución y a mí me entristece comprobar la obsolescencia de las cosas y como hay una inmensa cantidad de jóvenes que no nos conocen ni les interesa conocernos. Este es uno de los motivos por los que escribo en la red: para que no nos olviden ni nos olvidemos de quienes somos.