OPINION

La burrita

Julio Fajardo Sánchez | Domingo 29 de marzo de 2026

Regreso de un viaje fugaz. He es estado con mi hijo apenas un día. Estoy feliz cuando nos vemos. Casi siempre hablamos por teléfono, pero no es lo mismo. Es domingo de Ramos. Es el comienzo de una semana que se inicia con una almuerzo y termina con una muerte. Una historia que me apasiona. He escrito un libro sobre Lázaro, el amigo de Jesús que resucita en Betania, y cuento cómo va a Jerusalén con sus hermanas para verlo entrar triunfante por una de las puertas de la ciudad. El público pone sus mantos en el suelo y ramas de olivos. Él sabe que lo van a matar. Desde que vino de Galilea para hacer la resurrección está dictada su sentencia de muerte. Sus discípulos querían disuadirlo de volver a Judea, pero su destino parecía escrito y no podía negarse a que se cumpliera. Los judíos celebraban la fiesta del pesaj y decidió hacer una cena junto a sus amigos. Era costumbre soltar a un preso en esos días. Un romano lo sometió a la elección del pueblo y le tocó ser crucificado como un número más de los festejos. Es algo demasiado conocido y que se recuerda todos los años.

Ahora hay una guerra. Ya llevamos un tiempo con esto. La policía israelí no deja entrar al cardenal de Jerusalén a la misa del Santo Sepulcro. Son cosas que no se explican. Otra vez estamos batiendo el récord de los que se van de viaje en semana santa a pesar de que el AVE no llegue hasta Málaga. España va como una moto. Jesús envió a pedir prestada una burra y un borrico para hacer su entrada, porque así estaba previsto en las Escrituras. No sé si estaba tan pendiente de estas cosas o es lo que cuentan los libros. Esos libros se esfuerzan en explicarnos que estamos formados también por una materia espiritual que lucha contra la otra a fin de lograr la perfección. Esto no se ha conseguido del todo, y el mundo anda siempre agitado por culpa de las pasiones más bajas. La demostración es que se intenta inventar un algoritmo para determinar dónde reside el odio, en este caso le han añadido una hache para distinguirlo de otro que se presenta de una forma más natural.

En esta semana se acumulan unos hechos históricos que fomentan la compasión por unos acontecimiento terribles sucedidos en una ciudad donde ahora caen drones y misiles y desde donde los lanzan para neutralizar a los enemigos y destruirlos si es necesario. Para conmemorarlo, las calles se inundarán de gentes para ver desfilar a los pasos. Pasos viene del latín, y significa passus, que es pasión y sufrimiento. Es, por tanto, la fiesta del sufrimiento acompañada de cánticos, de tambores y cornetas y de filigranas que levantan al cielo a vírgenes que van sobre plataformas que pesan varias toneladas. Estrenan mantos larguísimos bordados con hilos de oro, y en sus mejillas de porcelana hay perlas como lágrimas congeladas. La gente llora, porque es una fiesta de lamentación, como el muharram del islam, donde se recuerda la muerte del sobrino de Mahoma. Las mujeres van cubiertas con velos negros y lloran a sus muertos y los hombres se flagelan, y todo parece una ceremonia común, defendiendo cada uno su versión del dios de Abraham, que también es el de todos nosotros. Este año al arrullo de las bombas.


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