OPINION

Estatuto propio del médico: basta de tutelas y de intereses ajenos

Miguel Lázaro | Viernes 27 de marzo de 2026

Hay momentos en los que un debate deja de ser técnico para convertirse en una cuestión de justicia. El del estatuto propio del médico es uno de ellos. Y lo decimos de nuevo y de forma categórica, los sindicatos de clase del ámbito no nos representan y su oposición frontal no responde únicamente a la defensa de los trabajadores, sino también a la preservación de un modelo de poder que lleva décadas beneficiándoles.

Durante años, estos sindicatos han ejercido un control prácticamente hegemónico sobre la negociación colectiva en el sector público. Un control que, en teoría, debía servir para proteger a todos los trabajadores, pero que en la práctica ha terminado por diluir las necesidades específicas de colectivos altamente cualificados como el médico. Hoy, cuando estos profesionales reclaman un marco propio, la respuesta no es el diálogo, sino el bloqueo.

¿De verdad es defender la igualdad tratar igual a quien asume responsabilidades radicalmente distintas? ¿Sostener que la uniformidad es cohesión?

El médico no es un trabajador intercambiable. Su jornada no se mide solo en horas, sino en decisiones que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Su carga laboral no es solo física o administrativa, sino también ética y legal. Su formación no termina nunca. Y, sin embargo, se le pretende encajar en marcos laborales diseñados para realidades completamente distintas.

Lo que está en juego aquí no es una cuestión corporativa, sino algo mucho más serio: la calidad del sistema sanitario. Porque cuando un médico trabaja saturado, mal reconocido y sin capacidad de negociación real sobre sus condiciones, quien acaba pagando las consecuencias es el paciente.

La negativa a un estatuto propio revela una contradicción difícil de justificar. Los mismos sindicatos que defienden la diversidad y la adaptación de derechos a distintos colectivos rechazan, en este caso, cualquier intento de diferenciación. ¿Por qué? Porque un estatuto propio rompe su monopolio de representación. Porque introduce actores nuevos. Porque les obliga a compartir un espacio que hasta ahora controlaban. No se trata de solidaridad, se trata de control.

Y es precisamente ese control el que ha impedido durante años abordar problemas estructurales: guardias extenuantes, precariedad encubierta, falta de reconocimiento profesional, fuga de talento. Problemas conocidos, denunciados y, sin embargo, nunca resueltos con la contundencia necesaria dentro de los marcos generalistas. Defender un estatuto propio del médico no es dividir a los trabajadores. Es reconocer que la equidad no consiste en aplicar el mismo molde a todos, sino en dar a cada colectivo lo que realmente necesita. Es, en definitiva, apostar por un sistema más justo, más eficiente y honesto.

Lo verdaderamente irresponsable no es diferenciar, sino seguir sosteniendo un modelo que ya ha demostrado sus límites. Un modelo donde quienes más responsabilidad asumen tienen menos capacidad real de decidir sobre sus condiciones. Un modelo donde la supuesta unidad sirve, en demasiadas ocasiones, para silenciar voces incómodas.

Ha llegado el momento de decirlo sin rodeos: los médicos no necesitan tutelas. Necesitan representación propia, negociación propia y un marco que esté a la altura de su responsabilidad. Y quien se oponga a eso tendrá que explicar si está defendiendo a los trabajadores o defendiendo su propio espacio de poder. Por eso hacemos la huelga. Ya es hora de que nos homologuemos con nuestros colegas europeos. Ya basta de un anacronismo sindical que nada tiene que ver con los 177.000 médicos de la sanidad pública.

Por eso el estatuto propio que defendemos todos los sindicatos médicos y el Foro de la Profesión Médica debe incluir en su negociación , al Ministerio de Sanidad, pero también al Ministerio para la Transformación Digital y Función Pública , además del de Hacienda ( vinculación a la reclasificación profesional a las retribuciones básicas) y al de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones ( cómputo de horas de guardia como coeficientes reductores para la jubilación ).Todos ellos se sientan en el Consejo de Ministros que preside Sánchez.

Por eso este estatuto propio, clave para captar y fidelizar los médicos que necesita la sanidad pública de 48 millones de españoles, es una cuestión política. Mejor dicho de una buena política sanitaria.

Por eso exigimos que estén a la altura y que la ministra renuncie a la estrategia de la politización y mitomanía compulsiva. La ministra de Sanidad ha cruzado una línea difícil de reparar: ha perdido la credibilidad ante el colectivo médico. Y no por una discrepancia puntual, sino por una sucesión de declaraciones inexactas, acusaciones graves y una gestión comunicativa basada en la confrontación. Dra. García y Dr. Padilla vuestra credibilidad ante el colectivo médico y la opinión pública está en el sótano.

Acusar a los médicos de “hacer rehenes a los pacientes” durante las huelgas no solo es injusto, sino profundamente irresponsable. Lejos de rectificar, la ministra ha insistido en un relato que no se sostiene. Ha llegado a presentar foros consultivos como si fueran mesas reales de negociación, distorsionando los hechos y alimentando la desconfianza. Esta forma de actuar no es un error puntual: es un patrón. Mientras tanto, las huelgas médicas han tenido un seguimiento notable, reflejo de un malestar estructural que el Ministerio ha preferido minimizar antes que abordar. Los profesionales no protestan por capricho, sino por el deterioro de sus condiciones y, con ellas, de la calidad asistencial.

Somos escépticos ante su actitud negociadora pero hoy tiene otra oportunidad cuando se reúna con el Comité de Huelga. La pelota está en su tejado y por ende en el del Gobierno. Hasta ahora se han cancelado 1 millón de actos sanitarios (consultas, operaciones y pruebas) perjudicando a muchísimos pacientes y a esto hay que sumar la mayor presión sobre el sistema sanitario tras la huelga para dar respuesta a la acumulación de la actividad pendiente difícil de recuperar a corto plazo.

Claro que la huelga médica es una cuestión de estado. Pónganse las pilas. Porque esto es muy serio.

Ya saben en derrota transitoria pero nunca en doma.


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