OPINION

Fin de semana

Julio Fajardo Sánchez | Sábado 14 de marzo de 2026

Ayer fue viernes. Después de tomar el café con Pizarro fui al tanatorio del Cristo a despedir a una amiga. Allí estaba, sola, con la caja destapada y cubierta de flores. Luego recibí un mensaje de Checho Bacallado anunciando la muerte de Wildpret. Me he quedado sin un lector. Cada vez que nos veíamos me comentaba sobre mis artículos en Diario de Avisos y a mí me satisfacía mucho que alguien como él los apreciara. Wolfredo era buena persona y buen amigo, y aunque yo no entienda nada de Biología confío en la gente que está al tanto de las cosas que nos rodean y que no vemos. En ese aspecto son como los guardianes del mundo. Todos lo somos un poco, cada uno en la parte que nos toca. Ninguna es exclusiva y el secreto está en ponerlas a todas de acuerdo. Por eso es tan necesaria una visión humanista de la existencia, algo que se ha perdido de vista y hoy echamos de menos.

Esta mañana me he levantado con El País, como todos los días y he aprendido que en Irán hay una isla del tamaño de la Graciosa que es la clave de la economía de un país tres veces mayor que España y que tiene 90 millones de habitantes. No creo que sea así. Algo tan pequeño no puede ser tan importante para una nación tan grande. Ni siquiera guarda la proporción de un corazón en relación con el resto del cuerpo. También leo algo sobre Cuba y las restricciones de energía, que afectan incluso al pueblo, debilitado e incapaz de quitarse de encima a una dictadura que lo acogota desde hace más de 65 años. Dicen que la revolución venezolana dependía de la logística cubana y que se había convertido en una interdependencia fatal. Ahora esto se ha roto y Cuba se ha quedado sin petróleo por mor de Donald Trump. Todavía no sé lo que pretende este empresario norteamericano metido a presidente.

El mundo es un hervidero y allí donde parece haber más conflicto este hombre mete la cuchara. Las cosas no se van a arreglar tan fácilmente. Si el régimen de Irán cae los ayatolas seguirán existiendo. Siempre habrá un motivo de discordia por las preferencias que tenga Dios con cada una de las tribus en que dividió el territorio donde empezó la historia; máxime cuando una de ellas anduvo dispersa por el mundo, con el arca de la alianza a cuestas y haciendo dinero contando, guardando, administrando y prestando el de los demás. Esto les permitió a los más desheredados fertilizar las tierras, organizarse en colectividades productivas y tener el ejército más poderoso de la zona. Se han estado mudando desde los tiempos de Moisés, vagando por el mundo cumpliendo la maldición de Caín. No se va a arreglar en un día. Solo es un intento más de ajuste en un lugar desajustado.

Los cambios serán al estilo de Lampedusa, porque el planeta es una gran Sicilia que parece ser el retrato del resto, como la Graciosa o como la isla de Jarg donde se concentra, según dicen, el 90% del negocio del petróleo de Irán. Ahora Trump se ha decidido a bombardearla, pero yo creo que es una excusa para acabar con una guerra que no va a conseguir otra cosa que hacer un poco de ruido para que se quede todo más o menos como estaba.

Mañana habrá elecciones en Castilla León y sobre las provincias de la España profunda se debatirán sobre el no a la guerra. Un habitante de Valladolid está a 4.000 kilómetros de Teherán y uno de Palencia está preocupado por lo que le cuesta el gasoil para poner en marcha el tractor. Eso es lo que realmente le importa: pensar en que tiene que comer a pesar de lo que diga Greta Thunberg. De esto va la campaña. La lástima es que quien lo rentabiliza es Abascal montado en el caballo, como los cuatro jinetes del Apocalipsis reunidos en una sola persona, imitando al misterio de la santísima Trinidad.


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