La exposición individual corresponde al artista Juan Carlos Batista, con el título ‘El hilo roto de Ariadna’, mientras que la colectiva, la 3/5 de ‘Nudos y enredos’, ofrece obra de Karina Beltrán, Laura González Cabrera, Carlos Nicanor y José Otero; la inauguración ha sido este martes, 24 de febrero, con presencia hasta el 11 de abril
El Círculo de Bellas Artes de Tenerife, con sede social en Santa Cruz de Tenerife (calle del Castillo, 43), ha inaugurado este martes (24 de febrero de 2026), con acto institucional celebrado a partir de las 19.00, las dos nuevas exposiciones, una individual y otra colectiva, del programa definido con motivo de la celebración del Centenario de la entidad durante la temporada de septiembre de 2025 a julio de 2026.
El montaje individual esta vez corresponde al artista Juan Carlos Batista, con una propuesta titulada El hilo de Ariadna, mientras que la exposición colectiva, la 3/5 del proyecto Nudos y enredos, reúne obra de los artistas Karina Beltrán, Laura González Cabrera, Carlos Nicanor y José Otero. Ambas exposiciones, comisariadas por Octavio Zaya, podrán verse en las salas del Círculo de Bellas Artes hasta el 11 de abril próximo, de martes a sábado y en horario de 10.00 a 13.00 y de 17.00 a 20.00.
En la exposición El hilo roto de Ariadna (Ariadna dio a Teseo un hilo para salir del laberinto del Minotauro), como asegura Octavio Zaya, “el hilo está roto”. En este proyecto artístico, Juan Carlos Batista “nos conduce por un laberinto donde la historia, la cultura y la memoria se fragmentan. Sus esculturas deconstructivas intervienen sobre objetos y símbolos heredados, mostrando la violencia y las ideologías ocultas en lo cotidiano”, explica el curador internacional.
El mismo comisario destaca que los “fragmentos de madera o resina se recomponen para revelar que la identidad y la historia siempre están rotas”, mientras que en los dibujos que presenta Batista “las imágenes se cruzan y se mezclan: archivos, iconografía, signos contemporáneos. No ilustran la escultura, la piensan. Son un laboratorio visual donde se desarma el poder, se desmonta la memoria y se expone la fragilidad de lo que damos por estable”, expone Zaya.El título de la exposición de Batista “sugiere la imposibilidad de encontrar salida: el hilo de Ariadna está roto. Estamos perdidos en el laberinto. No hay certezas, solo fragmentos que nos obligan a mirar de frente nuestra realidad contemporánea: la violencia, la historia, la memoria rota. Entre ironía y desencanto, humor negro y crítica, se desmonta el mundo para que podamos verlo tal como es. Escultura y dibujo forman un solo gesto: revelar lo que permanece invisible”, advierte Octavio Zaya.
Exposición como “territorio de conexiones”
La otra propuesta artística es la tercera exposición del ciclo Nudos y enredos, esta vez con una selección de obra de los artistas Karina Beltrán, Laura González Cabrera, Carlos Nicanor y José Otero. Hay que tener en cuenta que Nudos y enredos plantea “la exposición como un territorio de conexiones (…). El nudo une y tensa; el enredo multiplica sentidos. Entre ambos se despliega una reflexión sobre cómo habitamos una realidad compleja, hecha de memoria, percepción, estructuras y materia”, indica Octavio Zaya.
En el trabajo que presenta Karina Beltrán, “aparece la densidad afectiva: la experiencia íntima como tejido compartido. Sus propuestas pueden entenderse como sedimentaciones emocionales, capas de experiencia que se superponen con historias colectivas”, subraya Zaya. Ahora bien, Laura González Cabrera “trabaja desde la condensación. Ella introduce la duda perceptiva, mostrando la imagen como campo inestable de interpretaciones.
Percepción y dimensión simbólica se entrelazan, y el ritmo, las escalas y las proporciones se transforman en un orden poético cuya trama apunta hacia la certeza de la incertidumbre”, sostiene el comisario. Carlos Nicanor aborda “las tensiones ocultas en los sistemas que organizan nuestra vida cotidiana, revelando que aquello que parece ordenado contiene tensiones internas. La suya es una arquitectura introspectiva más cercana a la experiencia que a la representación”, en palabras de Zaya. En cambio, José Otero sitúa “la materia y el territorio como fuerzas activas dentro de la red. Sus pinturas, sin embargo, no quieren ser imágenes sino tanto un reto como un objeto de deseo en su determinismo en el pensar y el pintar frente a la colonialidad del conocimiento”, concluye Zaya.