OPINION

El ocaso de los boomers

Julio Fajardo Sánchez | Miércoles 11 de febrero de 2026

Dice Estefanía Molina que este sistema está hecho para los boomers y está agotado. Yo ni siquiera soy boomers, me paso por algunos años de pertenecer a esa generación, pero pienso que eso de lo generacional es algo evolutivo y cambiante. Los zeta y los milenials llegarán a boomers más pronto que tarde y entonces sus sistemas quedarán también obsoletos.

Hace unos días leí algo sobre la paradoja de Zenón: ya saben, eso de que Aquiles no alcanza a la tortuga siendo el mortal más rápido y ella el animal más lento. Siempre me interesó este tema. Me ayudó sobremanera a entender la operación de paso al límite, aunque en la realidad las cosas ocurran de otra manera. Lo cierto es que Aquiles en dos zancadas la sobrepasa y la anécdota nos sirve para pensar cómo el espacio se divide en otros pequeños espacios infinitos.

Me hago la pregunta de si esto de los boomers es un asunto local o se presenta de manera planetaria; o si es temporal (de nuestro tiempo) o se ha presentado como una constante en todos los tiempos. Estefanía Molina es politóloga y yo no lo soy. Ni siquiera soy baby boomer, ni lo quiero ser, arriba la barca, uno, dos y tres. No obstante creo que el mundo ha cambiado y los jóvenes viven una situación difícil. Quizá por esto se conviertan en antisistema, como ella dice. La conclusión es que la democracia que nos trajo la transición ya no nos sirve. Los que la apoyaron se han convertido en boomers y son una molestia para otro tipo de evoluciones. Ignoro cuál es la idea que nos debe guiar de aquí en adelante.

No puede ser tan sencillo como decir que ha muerto el bipartidismo y ya está. Hace unos años los milenials se reunieron junto al 15 M y hoy de Podemos no quedan ni las raspas. Los mismos jóvenes de ahora son los que alarman con votar mayoritariamente a un partido de extrema derecha, en las antípodas de lo anterior. La tesis de Estefanía es cambiante y alternante. Nadie encuentra el espacio donde sentirse cómodo, sobre todo los jóvenes que no ven colmadas sus aspiraciones en ninguno de los espacios políticos. Su escaso confort se basa en la dependencia y en una cada vez más lejana edad para la emancipación. Sin embargo han conquistado una libertad intelectual garantizada por una sociedad altamente tecnologizada.

Esas máquinas diabólicas me alejan de entender el problema. El algoritmo hace que solo me relacione en las redes con personas de mi edad. Parece que no interesa que los viejos cambiemos información y opiniones con los jóvenes. En ese caso se cumple la paradoja de Zenón y los zetas no se entenderán jamás con los boomers porque avanzan por caminos diferentes. En el fondo van guiados por el grupo que maneja los datos y los utiliza y manipula a su conveniencia. Ese grupo no tiene edad, es otra cosa, a pesar de lo que diga Estefanía Molina, a la que suelo leer con agrado en El País. Lo malo es que ella no me lee a mí. Quizá todo consista en que soy escritor y no me interesa tanto lo que digo sino la forma en que lo digo.


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