Bad Bunny protagonizó el espectáculo del descanso de la Super Bowl LX con una actuación íntegra en español y un relato visual centrado en Puerto Rico. Con apariciones sorpresa de Lady Gaga y Ricky Martin, el artista llevó el reguetón y su imaginario a la noche más televisada de EE UU.
Bad Bunny convirtió el descanso de la Super Bowl LX en algo más que un medley de éxitos: una actuación íntegramente en español y diseñada como homenaje cultural a Puerto Rico, en el estadio Levi’s (Santa Clara, California). La puesta en escena, con invitados de primer nivel, llevó el reguetón a una de las vitrinas globales más codiciadas.
El artista puertorriqueño —Benito Antonio Martínez Ocasio— encabezó el Apple Music Super Bowl LX Halftime Show el 8 de febrero, con un montaje que alternó espacios cotidianos y símbolos de identidad: desde un cañaveral a una “casita” convertida en epicentro del espectáculo.
La actuación arrancó con “Tití Me Preguntó” y avanzó por un repertorio que combinó temas propios y guiños al canon del reguetón. Entre los momentos destacados figuraron fragmentos de clásicos como “Gasolina” (Daddy Yankee) o “Dale Don Dale” (Don Omar), integrados como citas dentro del relato musical.
En paralelo, el componente estético también fue parte del mensaje. Según Vogue, Bad Bunny optó por un estilismo diseñado por Zara, con una camiseta deportiva con el apellido “Ocasio” y el número 64, una elección leída por algunos seguidores como referencia familiar (sin confirmación pública concluyente).
El show se apoyó en un desfile de apariciones sorpresa que funcionó como recurso narrativo, no solo como reclamo. Lady Gaga irrumpió para interpretar una versión con aire salsero de “Die With a Smile”, en una secuencia que, según varias crónicas, incluyó una boda celebrada en pleno escenario.
Más tarde, Ricky Martin apareció para cantar “Lo Que Le Pasó a Hawaii”, en una escena construida con referencias visuales a la iconografía puertorriqueña. A lo largo de la actuación también se vieron en pantalla —o en el propio set— rostros como Pedro Pascal, Cardi B, Karol G, Jessica Alba y Young Miko, entre otros.
La estructura, en cualquier caso, mantuvo un hilo reconocible: no fue una suma de hits al uso, sino una coreografía de “cuadros” que conectaban música, barrio y celebración, con un cierre de tono unitario.
Más allá de la fiesta, la actuación introdujo elementos de lectura política y social, especialmente cuando el repertorio desembocó en “El Apagón”. Una referencia a los apagones recurrentes y a la fragilidad de la red eléctrica en la isla, un tema que el propio Bad Bunny ha abordado en su obra reciente.
En el tramo final, el artista combinó consignas de unidad con un gesto explícito: el mensaje “Together we are America” (“Juntos somos América”) asociado al cierre del show, y la enumeración de países del continente como recordatorio de que “América” no se reduce a Estados Unidos.
El dato que resume la noche es también el más elocuente: todo el set se sostuvo en español, con la única excepción de la intervención vocal en inglés atribuida a Gaga en su parte de la colaboración.
Como sucede con frecuencia en la Super Bowl —un evento cultural además de deportivo— el espectáculo generó reacciones más allá de la música. Reuters informó de críticas públicas del expresidente Donald Trump, que calificó negativamente la elección y el resultado del halftime show, y de la organización de un concierto alternativo promovido por Turning Point USA.
Ese cruce de planos no es menor: Bad Bunny ha estado implicado en debates públicos en Estados Unidos, y su presencia en la Super Bowl, con un show en español y simbología puertorriqueña, amplificó una conversación que trasciende lo estrictamente artístico.
En lo deportivo, los Seattle Seahawks ganaron a los New England Patriots por 29-13 en el Levi’s Stadium. Reuters detalló que el corredor Kenneth Walker III fue elegido MVP tras una actuación destacada, en un encuentro marcado por el peso de las defensas y la eficacia a balón parado.
La combinación de final y espectáculo volvió a confirmar el lugar singular de la Super Bowl: una competición deportiva que, año tras año, se convierte también en termómetro de industria cultural, narrativas identitarias y clima social.