OPINION

Carta abierta a los que mandan en TITSA

Daniel Molini Dezotti | Lunes 09 de febrero de 2026

Tengo ante mi un hoja de reclamaciones, está bien que se llame de ese modo porque lo que se expone no es singular, sino plural, aunque parezca una.

Me la entregó una señora, vecina, que a pesar de algunos trastornos de movilidad, se desplaza como una ciudadana en su silla de ruedas, y no llega siempre donde quiere y cuando quisiera, sino, muchas veces, a los sitios donde quieren y cuando quieren los que mandan en TITSA..

Regresemos a la hoja de reclamaciones, que es una fotocopia que se lee con cierta dificultad.

Después de consignar nombre, teléfono, municipio, correo electrónico, hora de los hechos, día de los hechos y los motivos, la señora expone, directa y textualmente:

“Esta es la tercera vez que realizo esta reclamación ante TITSA. Dado que la situación continúa siendo igual me veo en la obligación de volver a reclamar, otra vez, en relación con los autobuses de la línea 914, 920, 921 y 905 en Santa Cruz de Tenerife.

Los vehículos de estas líneas presentan rampas en mal estado o directamente inoperativas, lo que impide que personas con movilidad reducida podamos acceder al servicio.

Esta situación ha provocado que en un mismo día haya tenido que dejar pasar más de tres guaguas, ya que ninguna podía recogerme por este motivo.”

Una vez expuestos los hechos, con buena redacción, la usuaria de los medios de transporte públicos continúa con un segundo párrafo.

“Solicito una solución inmediata y definitiva, ya que este problema no me afecta unicamente a mi, sino a todas las personas con movilidad reducida, vulnerando nuestro derecho a un transporte público accesible y digno.”

No se acaba en ese punto la queja número 43185, apuntada en el libro número 16846, sino que la escritura deja asomar la buena educación de la firmante, porque continúa, con moderación, sin exigir.

“Ruego se tomen las medidas necesarias con carácter urgente para corregir esta situación”

Una posdata avisa -sin llegar a ser advertencia- que: “Esta reclamación será remitida también al Ayuntamiento y al Cabildo Insular, para su conocimiento.”

Amparo, así se llama la señora que me participó el tema para su difusión, estaba interesada en saber si podía hacer algo más, porque no obtenía ninguna satisfacción de los canales oficiales.

A mi, además de adjuntar el texto de la damnificada, se me ocurrió la idea de redactar una especie de proclama, más agresiva, para ver si con gritos quienes tienen que actuar, actúan, y aquellos comprometidos con el transporte, que observan sin participar, como si con ellos no fuera el asunto, por fin dan un paso y se atreven a hacerlo.

¿Quién es el que debe transmitir, a los que tienen que actuar que actúen?

Entonces, con la intención declarada de obtener una respuesta, transformé una queja educada, en una carta abierta, firme y combativa, para exponer las molestias por la inaceptable dejadez con la que se está gestionando el acceso de las personas con movilidad limitada en los autobuses de la ciudad.

Según la queja 43185 no es un fenómeno nuevo, y muchas personas -ya me gustaría precisar cuántas- se ven obligadas a depender de la buena voluntad de personas solidarias, cuando las hay, para poder subir a los autobuses.

Parece cansino tener que hablar de los derechos universales en este campo, señalar que no es un lujo sino una obligación adecuar los servicios para que los derechos puedan disfrutarse. Por eso, tal como reclama Amparo, alguien en TITSA está vulnerando la igualdad de los usuarios.

En este punto debería aclarar que, si bien no escribo en nombre de nadie, me atribuyo la representación de todos, y me da igual que la consideren inmerecida e irreal, lo mismo lo exijo:

1- Reparación urgente de todas las rampas que no funcionen.

2- Señalar el estado de funcionamiento, con un cartel rojo enorme y titilante, que avergüence a los vehículos, cuando no estén operativas.

Pensé que iba a poner más puntos pero creo que con esos dos es suficiente.

Por favor, no sigan justificando lo que no se puede justificar, den respuestas a los pedidos, reclamos, ruegos, tengan en cuenta que el silencio no les da la razón, tampoco el exceso de discursos o anuncios o promociones que se tornan inconsistentes.

Y ya que estamos con el asunto de la movilidad, si pueden -no sé si consiguen, los que mandan, compartir cuitas, recuerden comentar al alcalde no mojar las calles cuando estén mojadas, evitar limpiar con espumas “patinosas”, corregir los puntos donde la gente se cae, los viejos se magullan y los descuidados que caminan mirando el teléfono, insultan.

¿Cómo es posible que toda la gente que hace grande una empresa como TITSA, que trabaja en el Cabildo, el Ayuntamiento, no tengan un amigo, un conocido, un vecino, un familiar, o alguien cercano o lejano que nunca le hayan dicho nada con respecto a las calles, las aceras, las trampas y, finalmente, las rampas?

Finalmente, con arreglo a las reglas de etiqueta, gracias por la atención.


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