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Alpidio Armas: el presidente de las dos cabezas

Sábado 07 de febrero de 2026
Por AHI

El 16 de diciembre, el Cabildo de El Hierro aprobó por unanimidad el apoyo al Decreto Canarias.

No fue una votación de trámite. Fue una decisión clara, respaldada por todos los grupos, que además incorporó dos propuestas aportadas por Reunir Canarias y Asamblea Herreñ

¿Y qué se aprobó exactamente?

Algo muy sencillo de explicar para cualquier herreño:

Las empresas pagarían un 50% menos de Seguridad Social, un alivio real para contratar y mantenerse abiertas.

Cada trabajador y pensionista cobraría alrededor de 120 euros más al mes, gracias a una reducción del 60% del IRPF que se notaría directamente en la nómina.

Menos costes para quien crea empleo.

Más dinero en el bolsillo de quien vive aquí.

Eso fue lo que el Cabildo aprobó por unanimidad. Eso fue lo que presidió Alpidio Armas.

Y aquí empieza el problema.

Porque tras ese pleno, Alpidio Armas acudió a una reunión en el Gobierno de Canarias en nombre del Cabildo de El Hierro, no como dirigente de partido, sino como presidente de la institución, con una misión clara: defender los acuerdos aprobados por unanimidad en el pleno.

Eso era lo que tocaba.

Eso era lo que exigía la lealtad institucional.

Sin embargo, en esa reunión es donde Alpidio Armas dijo exactamente lo contrario de lo aprobado por el Cabildo.

De repente, el decreto que había sido respaldado por unanimidad pasó a ser un “paripé”. El acuerdo institucional dejó de servir.

Y El Hierro, según su nuevo discurso, no estaba representado.

Entonces la pregunta ya no es retórica, es obligatoria:

¿A quién representaba Alpidio Armas en esa reunión?

¿Al Cabildo de El Hierro, que había votado sí por unanimidad?

¿O a un relato político personal construido después del pleno?

Porque no estamos ante un matiz técnico.

Estamos ante una contradicción frontal.

No se puede votar sí en el pleno y defender lo contrario en el Gobierno de Canarias.

No se puede acudir a una reunión en nombre del Cabildo para desautorizar al propio Cabildo.

Eso no es liderazgo.

Eso es bipolaridad política: una cosa en el pleno y la contraria cuando cambia el escenario. El Cabildo no es un plató.

No es una herramienta de partido.

Es la institución que representa a todos los herreños.

Y usarla para aprobar una cosa por unanimidad y negarla después en otra mesa no es defender a la isla: es debilitar su posición, confundir a quienes negocian y restarle credibilidad justo cuando más necesita una voz firme.

El Decreto Canarias podrá mejorarse, ampliarse o corregirse. Eso es legítimo.

Lo que no es legítimo es ir a una reunión en nombre del Cabildo y traicionar el mandato del pleno.

No se puede presidir un pleno por la mañana y desautorizarlo por la tarde.

No se puede representar a la isla con una mano levantada y con la otra borrando el acuerdo cuando nadie mira.

Quien representa a una isla no puede cambiar de discurso como quien cambia de chaqueta.

Porque cuando la coherencia se pierde, el representante deja de ser la voz del pueblo y se convierte en una figura decorativa del ruido político.


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