OPINION

Premio Nadal

Julio Fajardo Sánchez | Martes 03 de febrero de 2026

Jordi Gracia hace la crítica en Babelia de la novela de David Uclés que ha ganado el premio Nadal. Dice que es un pastiche plano, mohíno y desaborío. Yo no me hubiera atrevido a emplear estos términos para enjuiciar un libro a menos que tenga en consideración otros aspectos extraliterarios. Dice que no pudo con “La península de las casas vacías”. A mí me pasó lo mismo, pero no me atreví a decirlo por razones obvias. Dice el crítico que debido a esto lo llamarán facha, sobre todo por tomar partido en medio de la polémica sobre quién perdió la Guerra Civil levantada por el plante de la izquierda a Pérez Reverte en Sevilla. Pérez Reverte no figura entre mis lecturas favoritas y no perdería ni un segundo en defenderlo, aunque a veces le escuche decir cosas sensatas. Nunca me he fiado de las novelas a las que le aparecen lectores de aluvión, sobre todo cuando estos vienen guiados por la tutela protectora de sus mentores ideológicos.

Nunca había visto a ministros y jefes de gobierno recomendando un libro con tanto ahínco y unanimidad. Qué conste que después de resistir la andanada de recomendaciones partidarias compré la versión Kindle y empecé a leer. Al principio me sorprendió el diluvio persistente de Cien años de soledad, en una tierra áspera y seca como Castilla la Mancha. No le eché demasiada cuenta hasta que el cansancio me invadió y comencé a entender por qué la consigna favorece la resistencia de un lector.

Algunas veces me la jugué emitiendo un juicio no demasiado entusiasta en medio de un grupo de admiradores incondicionales de Uclés. Me miraron como si fuera un ignorante iconoclasta que irrumpe violentamente en el templo para romper sus símbolos a martillazos. A partir de entonces adopté la prudente postura del silencio hasta hoy, que he visto a Jordi Gracia empleando los adjetivos que yo no me atreví a utilizar. Esto no significa que vaya a reconciliarme con los fervientes adeptos que defienden a ultranza cada palabra y cada frase de sus evangelios. Lo de Jordi Gracia me sirve para demostrarme que no estoy solo, que hay alguien más que comparte mi opinión torcida y rebelde contra lo establecido y aceptado como dogma por todo el personal. Solo se me viene a la cabeza una expresión gloriosa de Faemino y Cansado con la que me identifico plenamente y que resume ese riesgo de no aceptación de los tópicos que nos distingue a los rebeldes. “Tengo que decirlo: no me gusta Nuria Espert”.


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