En un ambiente muy marcado por el luctuoso accidente ferroviario de Adamuz, que ha dejado a más de cuarenta personas fallecidas, la Feria Internacional de Turismo (FITUR) celebró esta semana su 46ª edición. Junto a las de Londres y Berlín, la de Madrid es el mayor escaparate propagandístico del turismo a nivel mundial.
Más de diez mil empresas y representaciones de 161 países y regiones de todo el planeta han exhibido allí sus mejores productos para captar al mayor número de clientes posible, con el fin de mantener y renovar las importantes actividades económicas vinculadas al turismo. Es éste, el turismo, el sector económico con mayor proyección de crecimiento en las próximas décadas, en todo el mundo. En paralelo, con las mejoras del bienestar de los pueblos, cubiertas las necesidades básicas, el siguiente objetivo es viajar, hacer turismo.
La oferta es amplia y diversa. Paisaje, montaña, nieve, desierto, gastronomía, arquitectura, sol y playa, deporte, cultura, medio ambiente, ciencia, música y un sinfín de opciones compiten para atraer la atención de potenciales turistas. En este sentido, Canarias es un actor importante dentro de este mercado gigante, en el que cada país, región o empresa compite para afianzar la marca que le distingue y captar nuevos clientes.
Dando por descontado que el sector -y las actividades vinculadas al mismo- vive un momento dulce, tanto en índices de ocupación como en rentabilidad, cabría hacer una reflexión serena, que vaya más allá de la euforia -lastrada sólo por el impacto dejadopor el accidente ferroviario de Córdoba- para profundizar sobre su futuro en nuestro Archipiélago, a medio y largo plazo.
Es incuestionable que somos uno de los destinos más competitivos del mundo. La situación geográfica, el clima, el paisaje, la rica biodiversidad, la seguridad, el paraguas europeo que nos cubre y protege, el nivel de nuestra planta alojativa, la limpieza de nuestro cielo, las infraestructuras aeroportuarias o el nivel de desarrollo y calidad de los servicios públicos que están al servicio de los ciudadanos, nos colocan en una posición privilegiada para seguir siendo una opción distinguida y atractiva.
Además, las zozobras internacionales están favoreciendo el éxito del sector y los datos de ocupación y rentabilidad no dejan de crecer. De ahí que pueda ser el momento de analizar, planificar y ejecutar las acciones necesarias para no ver amenazado el futuro de la columna vertebral de nuestra economía e,
indiscutiblemente, primer empleador de las Islas.
Muchas son las cuestiones que tenemos por delante. ¿Sigue siendo el momento para que el éxito del sector deba medirse de forma exclusiva según el número de visitantes? ¿Mantenemos la promoción para superar los 18 millones del pasado año? ¿Más cantidad o más calidad? ¿Más británicos o más diversificación de los mercados? ¿Cómo recuperamos y crecemos en el peninsular? ¿Tenemos asimilada en nuestras universidades y centros de formación la importancia de disponer de mano de obra canaria, formada y cualificada, para ocupar los puestos de trabajo que genera el sector?
De la misma manera, cabe preguntarse también si debe ser una obligación la renovación de los espacios turísticos y de la planta alojativa. O cómo recuperar y fortalecer el turismo peninsular ¿Es admisible el precio de los billetes con la Península? ¿Preocupan las informaciones publicadas en el Reino Unido invitando a no viajar al Archipiélago por la masificación de nuestros espacios y carreteras? ¿Tasa turística con carácter finalista?
Para todas estas interrogantes se requiere respuestas de instituciones, empresarios y organizaciones sindicales. No podemos permitirnos el lujo de equivocarnos. Está en juego el futuro de nuestro pilar económico y principal sostén del empleo en el Archipiélago.