La planificación urbanística es un proceso que debería impulsar el desarrollo y la mejora de nuestras zonas urbanas. Sin embargo, en muchas ocasiones se aprueban planes ambiciosos que, al final, nunca se materializan.
La burocracia, la falta de financiación o intereses políticos a menudo paralizan iniciativas que prometen revitalizar barrios y mejorar la calidad de vida. Esta desconexión entre la planificación y la ejecución genera desconfianza ciudadana, frustración y un desperdicio de recursos.
Es fundamental que los planes urbanísticos no solo se aprueben, sino que se lleven a cabo con transparencia y compromiso. Solo así se podrá lograr un desarrollo urbano real y beneficioso para todos