Cansado ya de oír la frase que acuñó un americano y repiten otros tantos de: “America First”, he considerado necesario indagar sobre qué significa eso de ser americano. Según el diccionario de la RAE, parece que ese título está reservado para los naturales de América. Si fuera tan sencillo, tendría que reconocerse que una persona nacida en Perú, Colombia o Venezuela, también deberían ser considerados americanos. Y puede que así fuera, si no existieran las fronteras. Así la gente que vive fuera de determinados lindes, será conocida como latinos o sudamericanos y/o centroamericanos, antes que bajo la definición que da título a este escrito. Y si le preguntamos a ese sector entre cuyos perfiles personales, la virtud de la tolerancia, no es lo que más destaca, entonces tendría que hablarse de “sudacas”. Así se entiende, aunque sea un poco, la frase de: “yankee go home” que se recomienda a quienes siendo americanos, viven algo más arriba de los puestos fronterizos protegidos por altos muros y vallas.
Vista la primera definición encontrada para entender algo mejor lo de “americano”, me ha parecido oportuno ahondar algo sobre ese gentilicio. Preguntando a la Inteligencia Artificial y/o recordando la historia que se ha estudiado, resulta que la gente de allí es una mezcla de una cantidad de razas y/o nacionalidades tan variopinta que me resulta difícil entender que alguno de sus dirigentes hable de los suyos como si se tratara de una especie única y distinta a las demás del mundo, cuando la realidad pasa por una coctelera. Un profesional de esos menesteres, diría algo así: en un vaso mezclador, introdúzcase un grupo de nativos indígenas, provenientes de la mismísima Asia, añádase un poco de ADN de la Europa del pasado, compuesta sobre todo por gente irlandesa, francesa, española e inglesa y aderécese con unos toques bastante significativos de negrura llevada desde el mismísimo corazón del continente Africano. Antes de agitar, añadir una considerable aportación de toques de América del sur y del centro. Agítese bien durante varios siglos y se obtendrá un natural que aunque no sea un producto similar a la raza aria que alguien defendió en su momento, sí que es una raza que goza de un privilegio que ellos se han arrogado y algún líder resalta para afianzarse en el poder. Un americano pues sería algo así como un natural de América del norte producto de un puzle de un buen montón de razas que se ha ido mezclando durante muchos años. Otra cosa sería definir lo que es un americano poderoso. En este caso, nos ayudaría pensar en una persona nacida y formada en los Estados Unidos de América en el seno de una familia de madre escocesa y de abuelos paternos alemanes. Esto es, un señor nacido desde la mismísima inmigración que, en el momento de pasar a dirigir un país, el suyo, actuará contra la misma migración que lleva en sus genes, solo que si levantara un muro interno, sería de ceguera.
Una vez que se establece una denominación más o menos acertada de americano, y ubicado al señor Trump, añadamos como pie de foto, su razonamiento para la actuación militar llevada a cabo: “esta intervención ha sido nuestra respuesta para defendernos del ataque que desde Venezuela se produce por el narcotráfico”. En las películas del ramo, siempre se dejaba claro que la droga provenía de Colombia o de alguno de los países asiáticos, pero él ha dejado bien claro que el origen del mal que mata a sus conciudadanos está en Venezuela. Desde EEUU, al Presidente del gobierno que dirigía el país caribeño, nos lo han presentado en sus ruedas de prensa, antes y después de la intervención, como el capo de la organización criminal que maneja el mal. A la esposa también se la sitúa en el mismo rango de responsabilidad. ¿Será una coincidencia que el país donde se ha llevado a cabo la intervención militar, sea uno de los grandes productores del petróleo que necesita su país? ¿Es posible que en ese país donde se ha llevado a cabo una intervención militar, trabajaran unas grandes empresas petroleras que en su momento fueron intervenidas por el mismo grupo de gobierno que ahora ha sido agredido? No sé si de eso va la cosa, pero en el discurso arrogante y fanfarrón tras el asalto al domicilio del presidente venezolano, se han dejado caer dos perlas a cual más sorprendente: la primera de ellas tiene que ver con el auto-mandato que el señor americano parece que está atendiendo y que ha expuesto ante las cámaras de las mayores cadena de televisión. Ha dicho con una expresión inequívocamente autoritaria que el futuro de la gobernabilidad de Venezuela pasa por su santa voluntad de que allí se restaure una verdadera y duradera democracia. Yo siempre había pensado que la Democracia se desarrollaba tras un paso por las urnas. Una vez que sacaron a quien gobernaba en el país caribeño, todo el mundo pensó en Edmundo y Corina para el nuevo gobierno venezolano -supuestamente los ganadores en las últimas elecciones- pero, parece que, quien tiene a una gran flota de barcos de guerra esperando en el entorno del mar que baña sus costas, ha decidido que sea la persona que estaba con el presidente que se llevaron a la fuerza. ¿Cómo? ¿Tiene sentido? ¿Tendrá que ver lo del premio Nobel o será cosa del chachachá? Dentro de su equipo, el señor Rubio, ha dejado una frase para la posteridad: “Ha quedado bien claro que el señor presidente -para él solo hay un presidente en el mundo- si dice que hará algo, lo cumple”. Se le notaba que se derretía cuando la pronunciaba mientras, al resto del mundo, lo que le preocupaba era el grado de amenaza que iba implícita en la frase, Una frase emitida bajo el principio barriobajero de: ¡para chulo, chulo, mi pirulo!
La otra gran perla que soltó este pseudo-emperador, estaba relacionada con el petróleo venezolano. Habló de que dos de las grandes empresas petroleras de su país -el mismo país desde donde se dejaba claro que el objetivo bélico estaba relacionado fundamentalmente con el narcotráfico-, se volverían a establecer en suelo venezolano para recuperar las producciones del oro negro; eso haría que los venezolanos volvieran a nadar en la abundancia. ¡Qué corazón más grande tiene el señor candidato a premio “Nobel de la guerra”!
No seré yo quien se entristezca por la eliminación de un dictador de esa ecuación, que tenía sumida a Venezuela en una suerte política que no merece ningún país del mundo. Soy defensor de la propiedad privada y de la vida en libertad; conceptos que en el país ahora agredido, lo primero no era lo más respetado y lo segundo estaba bajo las manos del aparato de poder. Pero tal y como escribo esto último, también defiendo el imperio de la Ley y creo que la intervención del político-empresario, no parece haberse llevado a cabo con la supervisión legal internacional y si me apuran mucho, ni con su propio Reglamento. De hecho dentro de las lindezas que contestó en la rueda de prensa posterior a la “toma de la Bastilla”, fue que en el Congreso americano se podían ir de la lengua y por eso no informó de su orden. Sin lugar a dudas, el señor de la guerra que no pudo alcanzar el Novel de la Paz, no es un ejemplo de actitud racional y uno de sus portavoces, el Señor Marco Rubio, tampoco. Pero, ambos, han decidido que la señora Delcy y su equipo -el mismo que estaba junto a Maduro- sea quien lleve a Venezuela por la senda de la cordura y la riqueza. ¡Los americanos han sido salvados del narcotráfico a ritmo de Joropo!