OPINION

Otra tarde de cine

Julio Fajardo Sánchez | Viernes 26 de diciembre de 2025

El doctor Zhivago jugaba muy bien al bridge. Me refiero a Omar Shariff. Estuvo en el equipo de Francia, donde alguna vez actuó de suplente mi amigo el argentino Pepe Medrano. A Boris Pasternak no le admitían la novela en la Unión Soviética. Era normal. No pone muy bien a la revolución. Es suficiente para apreciar el nivel de intransigencia que llega a imponer el terror. Esto lo vi esta tarde. Antes pusieron El mago de Oz una película extraordinaria que nos dice cómo se ve el mundo desde la otra parte. Me chifla el parlamento del mago cuando asegura que la gente obtiene aquello de lo que carece al darle un diploma o una medalla.

Al doctor Zhivago nunca le reconocieron sus versos. Nosotros no sabemos cómo eran salvo por la expresión de Julie Christie mientras los lee. Dice, esa no soy yo. Eres tú. Es una historia terrible donde se cuenta que hay que pasar por muchos abusos y muchas miserias hasta implantar una revolución igualitaria que nunca llega a serlo porque es excluyente con los que no aceptan pensar igual, y los persiguen y los matan, como si hicieran una limpia racial. Eso que ahora llaman genocidio

Hay gente que todavía no ha entendido de qué va esto. En ese momento cantan la Internacional y desafinan. El suegro de Zhivago dice que llegará un tiempo en que lo hagan mejor. Me quedo con Dorita, recorriendo el camino de losetas amarillas con sus zapatos rojos dirigiéndose a la ciudad esmeralda. Me quedo con sus amigos el hombre de paja, el de hojalata, con la alcuza para engrasar sus articulaciones, y el león cobarde. Me quedo con el mago fraudulento, que, después de confesar su ineptitud como mago, dice verdades como puños. Me quedo hasta con la bruja que se derrite igual que un blandiblú verde, y con el hada sonrosada y cursi que lo resuelve todo con la varita. Lo prefiero al fanático marido de Lara que cruza Rusia en un tren matando a la gente. No sé por qué ponen estas películas en Navidad. Son ganas de... Para estas cosas no hay memoria histórica que valga.

Zhivago me recuerda a Iko Arrocha, todo bondad, Lo entrevisté varias veces en la Bodega y siempre me inspiraron ternura sus respuestas. No sé si en alguna ocasión se sintió identificado con el médico poeta de la novela de Pasternak. El mago de Oz se esconde detrás de una cortina verde. El verde es un tono que se usa en esta peli para señalar lo no auténtico y lo malo, pues también es el color de la bruja. El perrito se llama Totó y en el reparto que sale sl final aparece que el personaje Totó está interpretado por Totó. Curioso esto. A partir de ahí casi todos los perros se llamaron así.Ahora tienen otros nombres porque figuran en el censo municipal de las mascotas y hay que distinguirlos. Se aprenden muchas cosas viendo el cine de antes. Todo está hecho, por eso es tan difícil encontrar algo que ahora nos sorprenda.


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