El conjunto insular luchó contracorriente ante un rival que estuvo muy acertado desde el triple y exprimió sus virtudes en un choque muy duro y con muchos contactos. En ese contexto, la escuadra tinerfeña no tiró nunca la toalla e incluso cuando se vio 15 abajo mediado el tercer cuarto (37-52, min. 24) tuvo los arrestos de reaccionar para intentar forzar un epílogo más apretado.
El caso es que todo intento de remontada aurinegra no tuvo la continuidad deseada y la final acabó decantándose a favor del Unicaja. Duele ahora, pero mirado con perspectiva el camino recorrido por los canaristas es motivo otra vez de orgullo y honor. Solo pierden finales quiénes llegan a ellas.
El choque nació con imprecisiones por ambos bandos (4-4, min. 5), con Marcelinho Huertas asumiendo la responsabilidad ofensiva de los aurinegros y los andaluces tratando de correr e imponer un ritmo alto al partido.
Los de Ibon Navarro encimaron las líneas de pase (cinco robos en el primer cuarto), endurecieron el pulso con mucho físico y entorpecieron la circulación de balón a un equipo, el canarista, que sufría para jugar sus bazas (9-8).
Los tiros abiertos de David Kravish, primero; y la posterior irrupción de Dedovic y Carter lanzaron al Unicaja en el electrónico (16-24). Intentó el Canarias minimizar daños (21-24 tras un triple de Huertas y una canasta de Sastre), pero el duelo se ponía cuesta arriba por momentos.
Un nuevo arreón malagueño les llevó al descanso once arriba (27-38), pese a varias acciones de mérito de Édgar Vicedo. Tras la pausa, las dificultades fueron a más, con tres triples casi consecutivos de Dedovic, y la renta andaluza creció hasta los 15 puntos (37-52).
Aún así, el Canarias reaccionó, apretó los dientes atrás y fue con todo en busca de igualar el partido para devolverlo al alambre. La calidad de Marce y Bruno, los balones interiores a Gio o la capacidad anotadora de Kyle hicieron soñar con la heroica. Se dejó el alma en el intento el conjunto lagunero, pero sus acercamientos en el electrónico (56-59, 63-67) encontraron siempre respuesta por parte de un Unicaja que no dejó ni una rendija a la esperanza de los insulares y acabó sellando la victoria y el título