Arrancó muy metido el conjunto insular que marcó territorio desde las primeras acciones (7-0), castigando los cuatro primeros ataques fallidos del Granca. El choque creció luego espeso, con desaciertos por ambos bandos, pero la solidez defensiva de los locales les permitió llevar la delantera en el electrónico y amagar con romper el equilibrio en varias ocasiones (13-4, 19-11).
No hincó la rodilla el grupo de Víctor García, que le metió energía a la contienda y firmó un parcial de 0-8 al inicio del segundo cuarto (19-19). Costaba un mundo llevar a buen puerto las acciones de bloqueo y continuación en lo más alto de la bombilla, pero el Canarias seguía fiel a su guión de circular el balón con el mayor criterio posible.
El empuje de Moussa Diagne y un triple de Sasu Salin ponían otra vez a los aurinegros en franquicia (30-25), pero su rival respondía siempre con entereza: 30-31, tras sendos aciertos desde la larga distancia de Slaughter y Brussino. Solo un triple in extremis de Marce, como si de un adelanto de lo que iba a pasar al cierre del partido se tratara, devolvía el partido al redil canarista (33-31).
Tras el paso por vestuarios, el encuentro ganó en baloncesto y ambos equipos ofrecieron un intenso y bonito espectáculo. Volvió a salir muy enchufado el Lenovo Tenerife, que coqueteó otra vez con la estampida (40-34), aun más cuando Diop y Balcerowski se metían en problemas de faltas. La paciencia para buscar las mejores situaciones de tiro recompensaba por fin al grupo de Txus Vidorreta (59-51, minuto 30), si bien los visitantes no se rindieron nunca.
Otro arreón grancanario camino del cierre devolvía el partido al alambre, coincidiendo con la vuelta a pista de Olek Balcerowski, hasta el punto de que el Granca se ponía incluso por delante (68-69, 71-74, 73-76). Fue entonces cuando emergió la magia y determinación de Marcelinho Huertas.
El brasileño tiró de galones, anotó varias canastas decisivas y el Canarias, espoleado por su gente, tuvo el acierto de cambiar la defensa cuando más falta hacía para frenar la incidencia del pívot polaco, lo que le permitió recuperar el mando, ya de manera definitiva.
El cuadro lagunero selló así un triunfo de mucho valor, cimentado en un enorme esfuerzo colectivo, liderado por su capitán, letal en los minutos más calientes, que desató ya del todo la fiesta en la grada para festejar la decimoséptima alegría liguera del curso. Un señor triunfo en un señor derbi.